Mi amigo el Señor Cóndor Óliver presenta un caso curioso de astrofiebre. Yo lo introduje en el mundillo de la observación astronómica, aunque en realidad yo, ni soy un experto, ni le dedico mucho tiempo. Es una más de las múltiples actividades que me gusta llevar a cabo.

Sin embargo, Oli vive con pasión el vicio de la astronomía. A estas alturas es capaz de identificar cualquier constelación del firmamento mucho mejor que yo. Qué coño, él sabe, yo no :D

Así puestos, no tiene nada de raro que se haya comprado este cacharrito.

Ustedes habrán pensado, «nah, un láser de estos como los que llevan los niñatos al cine para joder».

Si eso es cierto, que me desflore un marinero ruso después de una temporada inusualmente larga de pesca del congrio abisal.

Ese láser es potente. Y cuando digo potente, quiero decir que, al probarlo, he tenido mucho cuidado de no orientarlo al pasillo de entrada del aeropuerto de Gando, a unos pocos kilómetros de mi casa. O, por poner otro ejemplo, si miras al punto de impacto del láser en el suelo, te duele la vista.

Joder con el sable láser ese.

El caso es que el puntero láser, que usaremos mañana (bueno, técnicamente sería hoy), si hay suerte, en una sesión de observación, lo ha recogido mi cuñado en la tienda de AstroEduca, y mi cuñado me lo ha traído a mí.

Hagan cábalas. Calvo cabrón. Láser. Cámara.

¡Bingo! ¡Me he puesto a hacer experimentos fotográficos con el puntero láser! }:-)

Damas, caballeros, engendros, yo tengo el poder. Bow before me, for I am root.

Ah, no, que eso era otra cosa.

El poder de la luz

El poder de la luz

El poder de la luz

El poder de la luz