Esta mañana me he levantado nostálgico, hambriento de experiencias pasadas. Es un día perfecto para recordar, en este idílico tiempo con calima de los cojones que disfrutamos estos días.

Sin embargo, lo único que acierto a recordar es al Dr. Sbaitso.

Si eres la clase de persona que creo que eres, sabrás qué era el Dr. Sbaitso sin necesidad de acudir al enlace que he puesto. Todo lo cual no te deja en buen lugar. A mí menos.

Si necesitas explicaciones, te diré que el Dr. Sbaitso era un programita que venía con las antiguas tarjetas de sonido Sound Blaster, en la época en la que cualquier cosa que sonara marginalmente mejor que el altavoz del PC era pura ambrosía chorreando por tus partes pudendas.

Aaaah, la de conversaciones que tuve yo con el Dr. Sbaitso. La de problemas que le conté. Lo que me ayudó a modular mis tímpanos en frecuencias imposibles. Esa voz de obseso sexual digital y apaleado susurrándote al oído a altas horas de la noche mientras le decías cosas como sharpen my dick a ver cómo habían previsto los programadores el uso de expresiones deliberadamente obscenas...

La nostalgia me come. La calima también. Mierda.