Ruido blanco
Hay mañanas en las que me levanto con ruido blanco en mi cabeza.
No me refiero a que tenga zumbido de estática, no. Eso solo me pasa cuando me doy un golpe contra la esquina del armario. Me refiero a levantarme con una colección de pensamientos inconexos que se suceden a toda velocidad. Voy dando saltos de un pensamiento a otro, siguiendo un hilo aquí, abandonándolo allá. Si lo miras desde lejos verás el movimiento errático que sigo, como un Abdul Alhazred leyendo palabras al azar en El Libro.
En esos días la gente me dice que estoy distraído, y suponen que tengo la mente en blanco. Pero no está en blanco. Está furiosamente llena de cosas, pero soy incapaz de decidir cuál es la importante. De hecho, toda son importantes. O irrelevantes, según se mire.
Ayer estaba yo en ese estado mental cuando pasé a un metaestado mental en el que me planteé la propia naturaleza de mi estado mental. Y de paso pensé en escribir sobre ello, cosa que estoy haciendo ahora, saltándome varios niveles de consciencia.
Precisamente tomé una de estas bifurcaciones extrañas y sin sentido cuando pensé en la expresión ruido blanco, y me dio por pensar que me gustaría generar ruido blanco.
Sí, me gustaría poder generar el ruido de la marea, o del tráfico en una ciudad, o del viento sobre los árboles. A veces parece que hay patrones en el ruido blanco, pero si escuchas demasiado tiempo corres el riesgo de perderte en patrones dentro de patrones dentro de patrones dentro de...
(ctrl-c)
He encontrado una herramienta para generar ruido blanco. La uso en el trabajo y creen que estoy sintonizando una radio. Se trata de Soundmasker.
El rumor de las olas ha invadido mi ordenador. Se produce un curioso acople de frecuencias entre mis pensamientos y el sonido que sale de los altavoces. Se cancelan los ecos.
Cierro los ojos.
Descanso.
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