Lo bueno es bueno, demasiado jeringa
Esa expresión tan castiza con la que titulo esta historia es cosa de mi familia, sospecho, porque no la encuentro en el Google. Y ya saben lo que dicen: si no aparece en el Google, no existe ![]()
La expresión es una forma rebuscada de decir que lo bueno, mientras sea en pequeñas dosis, está bien, pero en demasía, como que jode un poco. Apunten: «jeringar» tiene, entre otras acepciones, «molestar», «joder» o «perturbar».
Hasta aquí las estupideces sobre etimología de andar por casa. Pasemos a la fotografía.
Hace un par de días comentaba con un compañero del trabajo unas fotos premiadas en un concurso que se celebró en Santa Lucía, municipio en el que vivo. Algunas fotos me gustaron y otras no, pero cuando llegué a una fotografía en concreto, me paré en seco.
Lo primero que pensé fue:
Coño, esta foto es «Mellado puro».
Me salió así, del hipotálamo. Mi compañero Juan Carlos opinaba lo mismo que yo: la foto se daba un aire inconfundible a cierta foto del libro famoso de Mellado. Incluso se notaban los halos que suelen aparecer en el postprocesado de la fotografía por zonas.
Alguno estará reuniendo piedras para tirármelas diciéndose «el calvo cabrón usa esa técnica ad nauseam; le voy a dar p'al pelo».
Pues sí. Entonemos el mea culpa, porque de eso va esta historia ![]()
Hagamos un inciso para hablar de gastronomía.
A mí me encanta el cocido que hace mi madre: pollo, ternera, garbanzos, cebolla... Un manjar. El cocido de mi madre está, junto con el pan y la leche, en la parte superior de la pirámide alimenticia.
Sin embargo, en una ocasión, por razones que no vienen al caso, estuve comiendo cocido durante una semana.
Lo odié.
Con toda mi podrida alma.
Porque una cosa es que te guste el cocido, y otra cosa es que te guste el cocido a todas horas. Eso asquea a cualquiera.
Vamos a juntar ahora todas las gilipolleces que he soltado, y el hilo conductor de esta historia es otra historia escrita por Sergio de la Torre llamada Melladismos desaforados.
En dicha historia Sergio hace una crítica, pero no hacia Mellado, sino al uso excesivo que mucha gente hace de las técnicas que Mellado explica en su libro. La reflexión podría parecer de Perogrullo, pero es como para quitarse el sombrero.
Como les dije, entono el mea culpa, porque yo he usado, y uso de forma intensiva las técnicas descritas por Mellado en su libro. Sin embargo, hace un par de semanas que vengo pensando que ya es hora de cambiar un poco de aires y aprender nuevas técnicas.
No me importa en absoluto machacar una técnica hasta la náusea, porque esa es una forma efectiva de aprender. No voy a dármelas ahora de experto diciendo que domino la técnica o que sé todo lo que pone en el libro, pero ya me he cansado un poco de forzar en exceso las fotos para enfriar cielos y resaltar colores.
Lo cual no quiere decir que vaya a dejar de hacerlo, claro ![]()
Como bien dice algún comentarista, a veces perdemos de vista que lo que queremos obtener es una buena foto, no un postprocesado genial. Malo es que saque fotos de mierda con la única idea de meterle efectos. Lo primero es lo primero: obtener una buena toma. Lo demás ya vendrá solo.
Por cierto, voy a repasar una cosilla que me quedaba pendiente en el libro de Mellado...
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