Hoy he matado a un pato que se ha reencarnado en cucaracha
He matado a un pato
Creo que he empezado la mañana con mal pie.
Me he levantado con un sueño de la hostia. Eso no tiene nada de raro, pero ayuda a ponerse en situación.
Voy como todos los días al curro, más dormido que despierto, conduciendo por la autopista. En estas que, a la altura de El Carrizal, cerquita del aeropuerto, un pato se mete delante del coche.
Sí, un pato. Un puto pato. Mira que es grande la autopista (para los estándares canarios, claro), y viene a salirme un pato de la única zona donde pululan en libertad.
Apenas un segundo para decidir que hago: hay coches por todos los lados. Le digo al pato "tú o yo". Salgo ganando yo, que para eso soy muy ególatra. Oigo el "¡CLONK!" cuando el coche pasa por encima (por fortuna no lo pisé), y me quedo tenso, despierto y con los ojos como faroles.
Cagüendios. Si por lo menos hubiera podido recoger el pato para hacer alguna receta de pato frito...
Yo creía que los problemas se habían acabado, pero no. El pato volvió a mí. En forma de pterodáctilo (Calíope dixit) cucaracha.
Nada más entrar por la puerta de la oficina, vi una cosa grande volando hacia mí. El grito que pegué se oyó en la otra punta del aeropuerto. Un compañero del curro acudió al rescate y me quitó el puto bicho de mierda de encima. Era una puta cuca volona, una pedazo de chopa de primera categoría.
Yo sé que era el pato, reencarnado en forma de cuca volona para martirizarme. El pato no me quería bien.
Mierda de comienzo de día. Menos mal que acabo de comerme un bocadillo de pechuga de pavo y un buen espresso de Lavazza para intentar enderezar el día.
!-->
