Yo me enganché a las drogas cuando tenía 14 años. Y nunca he podido dejarlas.

Cuando termino mi dosis, miro anhelante la siguiente. A veces consumo mierda de mala calidad, que me deja un mal sabor de boca. Un mal viaje. A veces consumo mierda de la mejor, de la que me transporta a otros mundos, de la que me deja eufórico, sin ganas de que termine.

Hasta que termina, claro. Y entonces quiero más. Busco mi dosis. Busco otro libro para leer.

Supongo que la letra impresa tiene algo que te narcotiza. O eso, o los buenos libros provocan reacciones empáticas en mi cerebro

Tengo una biblioteca de novelas(*) de la que me siento orgulloso, empezando por el primer libro que me compré, Fundación, del maestro Asimov, gracias a mi amigo el Señor Fénix. Podríamos decir que fue él el que me metió en la mierda, cosa por la que nunca dejaré de estarle agradecido.

Entre mis libros hay auténticas mierdas, siempre según mi opinión, claro. Ya saben lo que dicen de las opiniones y los culos, así que no empiecen a flambearme en los comentarios. Lo digo por si acaso

Sin ir más lejos, recuerdo que hace poco he leído el libro Roma eterna de Rober Silverberg, y casi no lo termino. Pude con él a base de pura fuerza de voluntad, y es que no hay por donde coger la colección de desatinos que ha escrito Silverberg en esa novela. Supongo que haberlo leído justo después de la saga de Canción de Hielo y Fuego de Martin no ayudó. El listón estaba un pelín alto.

Sin embargo, mi siguiente lectura me ha reconciliado con el mundo de las letras. Es uno de los mejores libros que he leído en mi puta vida. Y punto, señoras y caballeros. El libro no es mío, sino de mi amigo David, pero es tan bueno, que ya me lo he pedido en tapa blanda, posesivo que es uno. Y no, Cyberdark.net sigue sin servir pedidos a Canarias (gracias por recogerme los libros, Doktor).

¿Quieren más? Sigan leyendo.

El libro en cuestión se titula Jonathan Strange y el Señor Norrel, y ha sido escrito por Susanna Clarke. Dejen que les explique un poco de qué va.

El libro es una ucronía ubicada en una Inglaterra de principios del siglo XIX. Es una Inglaterra que cualquier aficionado a la historia reconocería con facilidad, salvo en un pequeño detalle.

Hay magia en el mundo. O la hubo. Pero no estoy hablando de una magia como la que ustedes acaban de pensar, con magos de luenga barba y raída túnica lanzando improperios al viento. Estoy hablando de una magia que podría parecer gris, anodina, pero que de alguna manera fue parte sustancial de Inglaterra en tiempos pretéritos. Es una magia metódica, con reglas estrictas, historiógrafos, magos teóricos, magos prácticos, etc.

Pero, ¿qué pasaría si esa magia que se creía muerta renace algún día de la mano de un viejo gruñón llamado Señor Norrel?

Dicho así, es difícil de asimilar, pero no hay más que empezar a leer la novela para darse cuenta del mimo exquisito que ha puesto Susanna Clarke hasta en el más mínimo detalle. Es una historia plagada de notas al pie que le dan un aspecto totalmente verosímil a la historia que cuenta: fábulas apócrifas, fragmentos de libros que nunca existieron, hechos reales mezclados con hechos históricos, etc. Pocas veces he visto tanta consistencia en un universo embutido en un libro.

Cuando se empieza a leer el libro, este da una impresión engañosa. Parece un libro ligero, una especie de fábula de tintes cómicos que no debe tomarse muy en serio. Pero claro, ves el tamaño del libro, de casi 800 páginas en su edición rústica, y te acojonas pensando que son muchas páginas para tanta ligereza.

Esa impresión se desvanece a medida que avanzas. De hecho, cuando llevas un trecho recorrido te das cuenta de que el libro en realidad se va desgranando en varios niveles, exactamente de la misma forma en la que describe los muchos mundos que concurren en el renacer de la magia inglesa. De la buena magia inglesa. Bajo la capa de lectura ligera hay una capa de auténtico horror, si te das cuenta de ello.

En cualquier caso, sepan ustedes que la magia inglesa no es igual a la magia francesa. De hecho, hay quienes dudan que exista más magia que la inglesa.

Es difícil describir un libro tan absolutamente bien construido en todos sus detalles, sobre todo porque parece real. Si una buena novela debe potenciar al máximo la suspensión de la incredulidad, una ucronía debe además empatar a la perfección los detalles reales con los detalles ucrónicos (¿está patentada la palabreja?).

Creo que mi amigo Herr Doktor está fusilándose el libro antes de traérmelo en su siguiente viaje a Canarias. Ya me contará si sus impresiones coinciden con las mías

(*) En el momento de escribir esta parida, mi lista de libros está desactualizada. Tengo problemillas para subir la nueva lista desde mi ordenador, porque Google Docs dice que el documento que estoy subir tiene más de 5000 celdas. Y yo tengo libros, pero no tantos, coño.

PS Si quieren comprobar lo bien elaborada que está la trama, bájense un número del Daily Raven