Cuando todo cambia
He esperado adrede un par de semanas para contar en el blog mis reflexiones acerca del nacimiento de Claudia. De esta forma he podido madurar un poco lo que quería decir. Mucha gente me decía, medio en coña, «¿vas a sacar fotos del momento del parto?», a lo que yo contestaba JAMÁS.
Hay cosas que deben permanecer únicamente en la memoria, sin compartirlas con nadie ![]()
Yo soy una persona nerviosa, por desgracia. Suelo acumular mucha tensión en momentos chungos, a pesar de que luego mis reacciones son «correctas». Pero la tensión no me la quita nadie, y al final me pasa factura. Sin embargo, nada de esto importó cuando llega el momento del parto. Toda la espera, todos los nervios acumulados, absolutamente todo desapareció cuando la enfermera me dijo «¡corre, corre, que ya va a dar a luz!».
He leído en muchas ocasiones acerca de la sensación de alienación, pero nunca la había sufrido, al menos como en el día del parto. Cuando entré en el paritorio y vi a Noli pasándolo putas, me quedé con los ojos como platos, pensando solamente «tío, no estorbes; aquí eres el que sobra; esto es entre Noli y Claudia».
Cada parto es un mundo, cada mujer es un mundo. Solo sé que si tuviera que soportar el dolor que pasó Noli, se me caerían los cojones al suelo. Ni epidural, ni episiotomía ni hostias. No dio tiempo.
Es jodido ver cómo la persona a la que más quieres sufre sin que puedas hacer absolutamente nada, salvo cogerle la mano. Pero todo eso quedó borrado cuando vimos a Claudia salir, cuando oí a Noli decir «¡mi niña!» completamente agotada, cuando la niña lloró después de ponerla encima de Noli, cuando me la pusieron en brazos y se quedó dormida sobre la marcha...
Creo que el hecho de que todo fuera tan rápido ayudó a no pensar. Nunca he pensado menos en toda mi vida. Luego, fuera, pude darme el lujo de derrumbarme, llorando, mientras le decía a mis padres y a mis suegros que ya había nacido la niña. Es que soy un sensiblero ![]()
Es algo que se puede contar, pero no describir.
Ya han pasado 15 días, y en este tiempo hemos aprendido millones de cosas: de qué forma llora la niña, cuándo lo hace, qué manías tiene (sospecho que todos los bebés tienen manías grabadas a fuego en los genes desde antes de nacer, como dormir con los puños en alto, por ejemplo), etc. Somos conscientes además de que todo lo que hemos aprendido no son más que gotas en el océano de todo lo que nos queda por aprender. Además, teniendo en cuenta que yo soy a) un dormilón y b) un quejica, cuando me preguntan qué tal nos va con la niña siempre respondo «de maravilla», y me importa un cojón que me despierte 20 veces por la noche (que no lo hace, angelito). Llego todas las mañanas al curro a las 7:00 con una sonrisa en la boca y despegándome las legañas con escoplo y martillo ![]()
Yo, que siempre intento aprovechar hasta el último minuto de mi vida como si el siguiente fuera el último, me quedo horas mirando a la niña, bebiéndomela con los ojos, como si el espacio y el tiempo se hubieran curvado en ese punto diminuto para concentrar el alfa y el omega. Para Noli y para mí así es, al menos.
Torpes palabras, que no alcanzan a describir todo lo que uno siente. Torpes palabras.
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mandy sensible dijo
Casi haces que llore,so cabron.
Ale, dale un beso a Claudia de mi parte, so cursi.
Sniff...
15 Marzo 2007 | 10:28 PM