Hoy he encontrado uno de esos sitios que puede proporcionarte horas de diversión sin igual. Qué coño horas, días.

Ustedes saben que hay ciertas historias en las que me sangran los ojos. Sí, me sangran. De hecho, a veces creo que la enucleación, después de todo, podría ser una solución a según qué problemas. Me refiero a esos comentarios adorables, plagados de faltas de ortografía hasta en los espacios en blanco, en los que algún cretino pobre despistado pide cosas rarísimas, como tatuarse en un testículo el nombre de su novia y en el otro el nombre de su madre.

Bueno, eso todavía no me lo han pedido. Pero se andará.

Y cuán grande no será mi sorpresa y mi íntima felicidad próxima al paroxismo cuando descubro que tan granada forma de expresarse tiene hasta denominación de origen.

HOYGAN.

Sí, señoras, caballeros, trolls y otras entidades. Esos comentarios tan simpáticos que me dejan de tanto en tanto son carne de registro para la posteridad. Porque encima, hay un sitio en el que poder publicar esas perlas: la Real Academia del Español Ofuscado.

En fin, ya que no puedo aplicar la castración química a esos seres, para que no se reproduzcan, al menos me divertiré un rato leyendo sus sandeces.