El sabor de un plátano
Ayer al mediodía me estaba comiendo un plátano.
Borren inmediatamente la imagen sucia que se ha formado en sus mentes. Cerdos.
Como les decía, yo me estaba comiendo un plátano, y Noli otro.
¡Que no piensen esas cosas he dicho! ¡COÑO YA!
Cuando estábamos comiéndonos los plátanos (
), tuve un pensamiento horrible a la par que demoledor.
¿Nos sabrá igual el plátano a Noli y a mí?
No empiecen a tirarme piedras, cabrones. ¿Qué pasa, que ustedes no tienen reflexiones profundas sobre los plátanos o qué?
No, imagino que no ![]()
El caso es que si yo le digo a cualquier persona «¿te gusta el plátano?», aparte de la primera respuesta cochina que me dará, me contestará sí o no. Pero si le digo que me describa el sabor de un plátano, no podrá. Porque, ¿cómo coño puede describirse un sabor? Es más, ¿cómo podemos estar seguros de que a mí el plátano te sabe exactamente igual que a ti te sabría un pollo asado? ¿Eh? Venga, responde, vamos.
Creo que me quedaré sin saberlo. Esta noche no duermo.
!-->
