Mi primera historia para este año 2007 es una historia de mierda. O tiene mucho que ver con la mierda, en realidad. Me explico, antes de que sus sensores de escatología se revienten por haber superado la zona roja.

Hay formas y formas de empezar el año. Hay gente que sufre resacas espantosas, hay gente que se muere de sueño el día 1 de enero... Y hay gente a la que le da una gastroenteritis aguda la noche del 1 de enero.

Me cago en la caquita líquida y en los vómitos descontrolados.

Anoche me dio un tabardillo de los buenos (las malas lenguas dirían que por la comilona de nochevieja, pero esto es vírico), y tuve una noche más bien, um, mala. Odio que me den jamacucos de estos.

Sin embargo, me pasó una cosa curiosa. Cuando estaba en urgencias, esperando a que me pincharan el consabido cóctel antivomitivo (para lo que me sirvió...) y entre cagadita y cagadita, me dio por pensar en que más de una vez me tocaría hacer eso mismo llevando a la niña, así que más me valía tomar buena nota de los remedios caseros para aplicarlos en su momento. Como padre, se entiende.

Esperen un momento. Tengo que ir al baño.

(un ratito líquido más tarde...)

Qué desagradable, por dios. En fin, puedo considerar que tengo suerte, en cierto modo. Podría haberme dado la noche de Reyes :D

Ya seguiré dando la tabarra cuando me recupere, ya. Hasta entonces, ¡disfruten de la entrada de año! ;)