El sabor de las cosas de antaño
Hace dos noches fui a casa de mis padres a buscar los regalos que tenía guardados para el cumpleaños de Noli. Siempre uso la casa de mis padres como almacén de regalitos
El caso es que cuando llegué mis fosas nasales se vieron inundadas con un delicioso olor que, más que ningún otro, me recuerda cuándo ha llegado la navidad.
No sé si el postre se llamará igual en todos lados, pero aquí en Gran Canaria lo llamamos truchas de navidad: una masa hecha con batata, pasas, anís, azúcar, canela, limón y matalahuva, dentro de una oblea frita de manteca de cerdo. Hay variantes, según el tipo de batata que uses, si le echas nuez moscada y esas cosillas. La gracia del asunto está en que no hay una forma «canónica» de hacer estas cosas.
Como les decía, estaba yo oliendo cómo se sancochaba la batata, destapando la olla cada dos por tres, cuando me puse a ayudar a mis padres espontáneamente a preparar la masa de las truchas. A medida que iba moliendo la batata sancochada, me iba comiendo un poquito a escondidas. Uno es un poquito goloso, ¿saben? ![]()
Todo este largo preámbulo viene a cuento de una conversación que tuve después con Noli y mis padres acerca de cómo han cambiado algunas costumbres de navidad (y no tan navideñas) relacionadas con la cocina. Mi padre me dijo que antaño, cuando él era pequeño, hacer las truchas era una actividad comunal, en la que participaba toda la familia. Nadie sabría decir cuánto de necesidad había en esta costumbre, y cuánto de virtud, ya que las obleas antes no se compraban hechas, como hoy, sino que había que prepararlas con agua, sal, harina y manteca de cerdo, aplanando luego la masa entre un montón de personas. De hecho hacía falta un montón de personas para preparar la masa.
Mi padre me contaba, un poco nostálgico, cómo se ponían todos (incluso él, que era un tapón) a mover las botellas para preparar las obleas, y de cómo la preparación de las truchas se convertía en una especie de jolgorio en sí misma, más allá del posterior condumio.
No sé si se dan cuenta, pero eso se está perdiendo. ¿Cuántas veces se han puesto ustedes con toda la familia a preparar una comida especialmente elaborada? Y no me refiero exactamente a la cena de navidad, que es una ocasión puntual, sino que me refiero a cualquier otro momento del año. Hagan memoria.
¿Qué conclusión podemos sacar? Los más, um, naturistas (o talibanes de su propia nostalgia) podrán decir que el progreso nos ha quitado ese sabor de las cosas de antaño. Inventos como la Thermomix, que casi cocina sola (que se lo digan al Señor Plano) hacen que muchas de aquellas actividades comunales hoy resulten totalmente innecesarias.
¿Hemos perdido en el camino? ¿Hemos ganado? ¿Se ha transmutado el plomo en oro?
Yo me quedo con mi nostalgia, mientras sigo ayudando a mis padres a preparar esas cosillas navideñas, exactamente igual que antes. Dentro de 30 años, que se preocupe mi futura hija de reflexionar sobre estas cosas, a la luz de sus propias experiencias ![]()


condor dijo
¿Truchas de Navidad? Mejor déjalo en truchas a secas jejeje, más de una he comprado en alguna pastelería a mitad del verano ;-)
Buenísimas, por cierto, buenísimas... sobre todo recién hechas...
21 Diciembre 2006 | 09:04 PM