Hay una ley no escrita que hace que los seres humanos ataquemos lo que nos es ajeno por simple desconocimiento, estupidez o maldad. O las tres cosas a la vez, que de todo hay en la viña del Monstruo Volador de Espagueti.

En los últimos tiempos ese comportamiento se ha convertido en recurrente en el ámbito de los videojuegos, y buena prueba de ello es que los casos de denuncias con videojuegos de por medio aparecen en los medios de comunicación de masas. Muchas veces en tono amarillista, dicho sea de paso.

Todos ustedes saben que me apasionan los videojuegos, pero no solo como jugón que soy. También me interesan desde el punto de vista sociológico, el laboral e incluso el fisiológico (siempre he dicho que mis reflejos felinos se deben a llevar jugando a videojuegos desde los 12 años }:-)). Así pues, el punto de encuentro entre la Ley (así, con mayúsculas) y los videojuegos, me interesa mucho.

Hay más casos de denuncias a videojuegos de los que se perciben a simple vista. Casi siempre se debe a que, como tantos otros campos de la informática, el lúdico ha crecido muy deprisa y sin que nadie le prestara la atención que se merecía. Antaño la creación de videojuegos era un proceso prácticamente artesanal en el que el friqui programador de turno (y lo de friqui lo digo con el mayor de los respetos) se ponía a teclear sin que le importara tres ardites los aspectos legales del juego. Ya se encargaría otro. Si se encargaba.

Hoy en día eso es impensable. Un estudio de videojuegos que no cuente con asesoramiento legal está completamente jodido, empezando por el tema siempre espinoso de la propiedad intelectual (muy conocida como IP en el mundillo de los videojuegos, por Intellectual Property).

Pero no solo estamos hablando de temas de patentes y propiedad intelectual. Hablamos también de demandas absurdas como aquella en la que una madre culpaba a los creadores del juego Everquest del suicidio de su hijo, que se pegaba un par de gugoles de horas jugando todos los días. Angelito.

En fin, si quieren tener información de primera mano sobre el punto de confluencia entre legislación y videojuegos, con abundantes ejemplos de casos reales, pueden visitar el Video Game Law Blog, una iniciativa curiosa del bufete canadiense Davis & Company LLP. Créanme, no tiene desperdicio.