Hedonismo generacional
Hay una frase con la que consigo sacar a mi padre de sus casillas. Es sencilla, pero resume en buena medida mi forma de ver la vida:
Papá, yo trabajo para pagarme los vicios. El resto son «daños colaterales», como la hipoteca, el coche, la luz, el agua, el teléfono, etc.
En ese momento mi padre se lanza a mi cuello, despellejándome verbalmente y recordándome lo jodida que ha sido toda su vida, sin poder darse lujos porque estaba trabajando como un cabrón.
Y da la casualidad de que yo lo comprendo a él, pero él no me comprende a mí ![]()
Verán, me falta poco para ser padre, apenas tres meses (si a Claudia no le da por poner la directa, claro), a veces me da por poner las cosas en perspectiva, pensando en el mundo que vivieron mis padres, el que nos ha tocado vivir a Noli y a mí y el que le tocará vivir a Claudia. Son mundos muy diferentes.
Sé de muchos padres contemporáneos de mis propios padres que tienen la misma perspectiva. Nacieron y crecieron en una época dura. Les tocó vivir la Transición, la precariedad en sus trabajos y tantas otras cosas. Crecieron pensando en los sacrificios que tenían que hacer para darle a su progenie todo lo que pudiera hacerle falta, para que no pasáramos las privaciones que ellos pasaron.
Lo consiguieron, y cuando lo hacemos notar, se quejan. He mandado a tomar por culo (con todas las letras; soy la oveja negra de la familia) a más de un familiar, preguntándole de paso si hubieran elegido conscientemente el mismo tipo de vida, en caso de haber tenido posibilidad de elección. Me jode mucho la gente que confunde necesidad con virtud.
Normalmente pongo un ejemplo claro: cuando estaba en la universidad, tiré literalmente por el retrete mi vida. Yo era una máquina de estudiar, de lunes a lunes, esforzándome no solo por aprobar, sino por sacar buenas notas. Dejé de ver a mis amigos, casi no veía a mi novia, y me pasaba el día entre libros. En verano trabajaba para pagarme yo los estudios, porque mis padres no podían. En cuanto aprobé y me puse a trabajar, me puse a disfrutar de todo lo que la vida tenía que ofrecerme, así que me cabrea mucho cuando algunos familiares me dicen que no tengo espíritu de sacrificio. No, hombre, yo soy el dios Baco pero en calvo, no te jode.
De ahí el título de la historia y la referencia al hedonismo. No soy una persona alocada, manirrota con el dinero (más bien es al revés), pero no me privo de vicios, porque siempre he sostenido que una persona sin vicios no es una persona sana. Los vicios, confesables o inconfesables, son los que le dan sal a la vida (sobre todo los inconfesables, jojojo). Y no, ver la tele no es un puto vicio. Es una desviación. Que lo sepan ![]()
Um... A lo mejor alguien va a pensar que tengo un cabreo y me estoy desahogando en el blog
Pero no. Tengo esta historia en la cabeza desde hace muchos meses, y nunca encontraba el momento preciso para contarla. Ahora me he sentado un ratito delante del ordenador y he dejado que mis dedos bailen al son de mis neuronas, que es lo que me gusta.
Así que ya lo saben: una vida sin vicios es una vida aburrida. El resto son mierdas con las que no nos queda más remedio que convivir.
PS Por cierto, tener vicios conlleva otra ventaja muy importante: la gente siempre tiene una magnífica opción para hacerte regalos en las fechas señaladas y fiestas de guardar ![]()


onairelav dijo
Amén hermano !!!
5 Diciembre 2006 | 07:40 PM