Las manos del demiurgo

- Demiurgo, ¿qué te traes entre manos?
- La creación del mundo.
- Pero... Fíjate, tienes las manos vacías.
- Precisamente. Tan vacuas como tu intelecto. Obra mía también, dicho sea de paso.
- Ah, pues te dejo tranquilo para que sigas trabajando.