Desciende al limbo
Voy a hablarte de un videojuego.
¡No, espera! ¡No corras! A ver, tú que ibas a salir pitando, préstame ojos. Ya sé que los videojuegos te importan un pimiento, pero dame un par de minutos.
Porque no solo voy a hablarte de videojuegos. También voy a hablarte de arte. Y de amor por tu trabajo.
Créeme, puedes llegar a tener amor por tu trabajo. No es una leyenda urbana. Incluso puedes llegar a tener amor por tu trabajo aunque tu jefe sea un hijo de la gran puta (en este momento debo hacerle la pelota a mi jefe inmediato, que lee mi blog, y aclarar que no me refiero a él, jojojo).
¿Que por qué digo esto? Porque hace falta amor para hacer un juego como Limbo, como nos cuentan los chicos de Anait Games.

Tú solo mira el vídeo promocional del juego y llegarás a la misma conclusión que yo: Arnt Jensen, el autor, está haciendo un juego que destila awesomidad con un alto grado de pureza ![]()
