Ayer leí una noticia en el periódico de esas que me ponen en modo berserker. Uy, no, que si digo eso me enchironan por ser un jugador de videojuegos violentos.

A lo que iba. La noticia habla de una demanda a los desarrolladores de «Grand Theft Auto: Vice City» perpetrada (no se me ocurre otra palabra) por los familiares de tres personas asesinadas por un chaval que no andaba bien de la cabeza, en el 2004. Y oh, qué cosas, resulta que el chaval se pegaba el día jugando a este juego, en el cual debes meterte en la piel de un delincuente.

Entonces las cuentas están claras: juego violento + rol de delincuente + jugar chorrocientas horas al día = matar a tu padre + matar a tu madrastra + matar a tu hermanastra.

A veces, charlando con mis amigos, hemos hablado del «camino recto». Para nosotros el camino recto es el de mínimo esfuerzo para cualquier persona con poder, desde un padre acerca de sus hijos hasta el gobierno con sus ciudadanos. El camino recto consiste en prohibir y atacar a lo que te estorba, en lugar de educar y prevenir.

Pensar que el problema de este chaval está en los videojuegos es como suponer que salió de una probeta el día antes para jugar al GTA durante 16 horas y perpetrar entonces la masacre. ¿Es que a nadie se le ocurre analizar su entorno, su familia, sus amigos, nada? No, qué coño. La culpa es de los malvados videojuegos, como no.

Yo soy jugador empedernido de videojuegos, y aunque no soy padre, todavía, eso es algo que cambiará dentro de no demasiado tiempo. Es en los padres en quienes reside la responsabilidad de evitar que su hijo se convierta en un sociópata pegado todo el día como una lapa a la consola o al ordenador.

Reivindico mi derecho a jugar a juegos extremadamente violentos sin que nadie me lo impida. Reivindico mi derecho a usar la sierra mecánica en Doom para desmembrar alienígenas. Reivindico mi derecho a reventarle la cara a tiros a un soldado alemán en el asedio a Stalingrado. Reivindico mi derecho a cargarme a un policía con un rifle de francotirador en el GTA.

Y después de todo eso, apagaré el ordenador y me iré a preparar el biberón a mi niño o a mi niña :)