Los que me siguen hace tiempo saben que soy jugador convulso, confeso e irredento del World of Warcraft. Bueno, quizás podemos quitar lo de convulso. Em... Bueno, me explicaré.

Los juegos en red suelen tener mala fama, por aquello de la adicción a la que se ven abocados muchos de los que juegan a estos juegos. De vez en cuando pueden encontrarse noticias sobre gente que debería hacérselo mirar urgentemente, en referencia a la adicción a los juegos masivos multijugador.

Mis colegas y yo nos descojonamos de esto, más que nada porque ninguno de nosotros está dispuesto a tirar su vida por el retrete jugando a un puto juego de ordenador. Si yo juego más de tres horas seguidas me entra un asco de antología, y lo mismo le pasa a la mayoría de miembros de mi clan.

Sin embargo, hay gente que se dedica directamente a recopilar historias sobre comportamientos realmente chungos de jugadores del WoW: World of Warcraft pwned my friends.

Podrán ver cosillas como el tipo que le tira unas tijeras a otro por molestarlo mientras juega (no sé por qué, pero a mí me suena a montaje) o cómo «trabajan» los chinos que realizan servicios de leveling (subir de nivel a tu personaje a cambio de dinero).

Um... Algún día les hablaré in extenso de mis hábitos videojueguiles y de los hábitos de la parroquia, para que vean por dónde van los tiros.