Hace un ratito, leyendo mis (abandonadas) lecturas en Bloglines (motivo por el que no estoy comentando muy a menudo en los blogs de mis habituales), he visto en Microsiervos una historia que me ha provocado un momento yuyu. La historia versa sobre un reloj que utiliza fluidos para marcar las horas, y se encuentra en Indianápolis, en los Estados Unidos. El caso es que, como apuntan al final de la historia, hay uno igualico, igualico, en una galería comercial de Andorra (de las millones que hay allí, dicho sea de paso), y Noli y yo lo vimos en nuestro viaje de novios. Esta es la foto que sacamos en su momento.

Reloj líquido en una galería comercial de Andorra

Otro que también estuvo allí fue el Camarada Bakunin, que aporta unos cuantos datos interesantes sobre este tipo de relojes.

PS Sí, ya sé que la historia es una reverenda estupidez, pero la canícula me tiene afectado. Y el tobillo también.