Vientos de cambio
Todo el mundo tiene un día de esos en los que dice «hoy no debería haberme levantado de la cama». El problema estriba en tener muchos de esos días. Seguidos. O tan seguidos que te parece que no logras abandonar ese estado de ninguna manera.
A veces voy conduciendo por la autopista, escuchando la radio o canciones que me haya bajado de la mula, escuchando un saxo, un piano o un violín, con los pelos de punta y la mente a un millón de kilómetros. Visitando lugares en los que nunca he estado. Añorando lugares en los que jamás he estado... Intentando concentrarme en algo, inutilmente, porque parece que necesite gritar para liberarme.
Hoy el tiempo, en todos los sentidos, parece haberse conjurado para producirme un estado de extraña melancolía. Ansia de cambio, es lo único que se me ocurre para definirlo. Para definirme. Dejo vagar mis pensamientos anhelando un cambio que me saque de este sopor en el que me encuentro.
A veces creo que lo único que me ayuda a seguir adelante es ese rayito de sol que tengo en casa
Necesito aire fresco. Necesito vientos de cambio.
PS Disculpen mis lectores y lectoras el arrebato melancólico. Ni siquiera me ha quedado como yo quería que quedara, pero «tendrá que bastar», como dijo alguien alguna vez.
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