El accidente del «Lady be good»
Hay ocasiones en las que me quedo cagándome en lo alto (having shit on the top) leyendo historias a las que llego de pura casualidad.
Verán, ayer leí en Microsiervos una historia sobre listas de gente clasificadas por la causa de su muerte en la Wikipedia. Para mear y no echar gota, vamos. La historia en sí resulta curiosa, pero lo que me llamó la atención era un enlace a una lista de muertes por causas inusuales, también en la Wikipedia (en inglés).
Pues nada, me puse a explorar la página a ver qué encontraba. Hay cosas curiosas, como la historia de György Dózsa, líder de una revuelta popular en Hungría al que asaron a la plancha vivo en 1514. Sus compinches tuvieron que comérselo luego. A mí me gusta la carne medio hecha, gracias.
Pero me estoy yendo por las ramas, como siempre... Estuve un buen rato leyendo la página hasta que llegué a un enlace sobre un accidente aeronáutico que ocurrió en la Segunda Guerra Mundial: el accidente del «Lady be good».

En resumen, el «Lady be good» era un bombardero mediano B-24 Liberator estacionado en Libia. El 4 de abril de 1943 partió en una misión de bombardeo a Napoles de la que nunca regresó.
Y así quedaron las cosas. Hasta noviembre de 1958. Quince años después un grupo de prospectores británicos de una compañía petrolífera hallaron los restos del aparato en pleno desierto de Libia, en perfecto estado de conservación (castañazo aparte, claro). Y ojo, digo del aparato, porque no encontraron los cuerpos.
Dos años más tarde, en 1960, otro grupo de prospectores encontró los cuerpos de 8 tripulantes, cinco de ellos a 148 kilómetros al norte, otro a unos 185 kilómetros y el otro a unos 198 kilómetros. Uno de ellos fue encontrado muerto cerca del lugar del impacto, posiblemente por un fallo del paracaidas. Y sin agua. La hostia en verso (the smash in verse). Uno de los tripulantes nunca fue encontrado.
Los nueve tripulantes saltaron del avión cuando se vio en problemas (no se sabe el motivo del fallo) y ocho de ellos pudieron reunirse, pero lejos del avión. De hecho, sus mapas de escape no mostraban la zona, así que tiraron para donde dios les dio a entender, que era justo la dirección contraria del avión, en el que hubieran encontrado agua. Aunque de bien poco les hubiera servido, parece.
La historia no tiene nada de especial, excepto ingredientes para capturar tu imaginación. Yo me quedé cautivado un rato leyéndola. Además, hay una página en la que cuentan muchas más cosas sobre el «Lady be good». Echen un vistazo si no se han cansado de mi parrafada ![]()

