Camino de San Mateo por Siete Fuentes
Como les comentaba ayer en la historia sobre las fotos del Roque Bentayga, el sábado fuimos a hacer senderismo a las cumbres de nuestra isla. Teníamos todos los ingredientes para una caminata memorable: 18 personas animadas y dispuestas a comer kilómetros, un día espléndido, vistas inmejorables y mochilas bien pertrechadas.
Al final el día fue memorable. Vaya que sí. Joder. Voy a empezar a pensar que realmente tengo gafe con las caminatas (más de uno me recordó cierto desgraciado episodio en las Cañadas del Teide). Pero no vamos a adelantarnos, ¿verdad? Vamos por partes.
Ah, antes de que se me olvide, tienen todas las fotos en un álbum de Flickr, por si quieren echarle un vistazo.
El sendero
El camino que recorrimos se llama exactamente como el título de la historia. Si coleccionaste alguna vez las fichas de senderismo que regalaba el periódico Canarias7, realizadas por Manuel Cardona Sosa, es la ficha número 13 (¡coño!) del grupo «cumbre central 2». El camino tiene unos 7.5 kilómetros y va desde la Degollada de la Capellanía, en la carretera GC-130 (la que va desde el Pozo de las Nieves a Telde) hasta Vega de San Mateo (les enlazo los archivos KMZ para Google Earth).
Ah, por cierto, el camino está identificado como PR-10, es decir, es un sendero de pequeño recorrido en contraposición a los senderos de gran recorrido (lo pongo por culturilla).
El comienzo
Como les decía, el día estaba espléndido. El plan era dejar uno o dos coches en San Mateo e ir con el resto al punto de partida. Éramos 18 personas (hay que ver el poder de convocatoria que tiene cierta amiga mía...) y nos hicimos la preceptiva foto de grupo antes de empezar, que no publicaré aquí
Qué tiempos más felices. Snif.
En fin, que las vistas prometían, y mucho.
So far, so good, como diría un inglés. El único problema que tuvimos al principio fue un problema de orientación. Como yo ya había hecho la caminata me fie más de mi instinto que de los carteles, y tiramos por un camino equivocado. Menos mal que enseguida nos dimos cuenta de que no iban por ahí los tiros. Y no me empiecen a mirar raro, joder, que tampoco fue para tanto. Solo perdimos 5 minutos.
Leves problemas intestinales
Pues nada, a eso de las 11:20 empezamos en la parte correcta del camino. Hacía bastante calorcito, pero nada como lo que sufrí en las Cañadas del Teide. Después de eso me tomaría un martini con Satanás y me quedaría muy ancho. El único problema es que notaba una cierta flojerilla intestinal en forma de producción exagerada de metano. Recuerdo que pensé «vaya por dios, tenía que haber hecho aguas mayores antes de salir», pero nada. Uno es un hombre. Puede aguantarse las ganas. Sí señor.
Ah, por cierto, no es que me esté entregando a un ataque desenfrenado de escatología. Todo tiene su razón de ser. Ahora llegamos.
El camino discurría bajando la Cañada de Siete Fuentes en dirección a la Hoya del Gamonal. Desde ese punto se dominaba buena parte del noreste de la isla, incluyendo Las Palmas:
El camino siempre iba en descenso, teniendo a un lado la Montaña Arenas, con el Roque Saucillo detrás, y por otro lado el Picacho de Camaretas (Noli ya les habló en una ocasión de Camaretas con motivo de un incendio). El camino nos llevó a un lugar llamado Casas de los Ingleses (pueden ver el Picacho de Camaretas a la izquierda).
GRAVES problemas intestinales y un menisco que quería independizarse
Proseguimos nuestro descenso a ritmos dispares. La gente iba un pelín rápido para mi gusto. Yo me quedé de farolillo rojo con mi amigo Óliver, hablando en hard freak que para eso somos compañeros de clan del World of Warcraft.
Pues nada, seguimos bajando guiados por cierto merluzo de nombre Alexis. Por una vez se las arregló para no perdernos, como tiene por costumbre (todavía recuerdo aquel «¡ES POR AQUÍ!» mientras nos metía por una cuesta de picón de tres pares de cojones... para llegar a un tupido bosque). Aquí podemos verle en acción con la ficha del sendero en la mano.
Total, que nos paramos a comer un poco más adelante de la Degollada de Biliandra, más o menos a medio camino de San Mateo, bajo los pinos. Un lugar agradable para echarse una buena siesta...
Sin embargo, ni todo el monte es orégano, ni todos los condones del universo están libres de picaduras. A esas alturas del camino yo notaba unos ciertos movimientos peristálticos que me tenían un poco preocupado, más que nada porque los ruiditos que producía mi intestino eran algo líquidos. Al principio le eché la culpa al paquete de orejones que me comí pero mis amigos Óliver y Julián también comieron orejones (albaricoques dulces desecados) y no estaban mal (cierto es, no obstante, que yo comí muchos más).
Seguimos caminando, y yo sudando como un puerco debido a mi intestino desbocado... Hubo un momento en el que no pude más. Ese fue el momento en que empezaron a torcerse las cosas. Dos de las tres desgracias sucedieron más o menos simultaneamente.
- Me dio un apretón tal, que tuve que correr para soltar mi carga entre los pinos. Lo que yo dejé en lo alto del Lomo de Cuevas Altas (pueden pasar por allí si quieren verlo) es algo que no tiene nombre en este universo. Me quedé tan trastocado que empecé a ver doble.
- Gisela, una de las chicas, se dobló la rodilla (¿empatía con mis sufrimientos anales, quizás?) y todos pensábamos (yo no; estaba preocupado por las garrapatas y su posible ascenso muslos arriba) que se había jodido el menisco.
Después de tan lamentables episodios seguimos nuestro camino. Todavía tuve presencia de ánimo (me sentía con unos cuatro kilos menos) para sacar una panorámica del descenso a San Mateo.
Ayudamos a Gisela a bajar como buenamente pudo. En ese tramo no tengo fotos porque mis intestinos empezaron a cantar una aria a todo volumen y requerían toda mi atención. Y yo que pensaba que con los primeros esfuerzos bastaba...
El resto del camino pasó sin pena ni gloria, exceptuando una paradita técnica más tras un pino (nunca creí que mis intestinos pudieran almacenar tanto) y la providencial recogida de Gisela por parte de alguien cercano para llevarla al centro de salud de San Mateo.
Un coche que no quiso andar más
Para finalizar el día los conductores nos montamos en el coche de Antonio para ir a buscar nuestros coches al inicio del camino. Con la suerte que íbamos teniendo esperábamos encontrarlos sin ruedas, o algo así, pero la realidad siempre supera a la ficción. Cuando estábamos a punto de llegar a los coches (y menos mal), de repente el motor decide que ya no anda más. Alguien debía estar muy cargado de energía negativa, porque esto ya era el matarile.
Total, un buen rato esperando a la grúa para recoger el coche del pobre Antonio, contando anécdotas
Ese es el motivo por el que al final bajé solo por un camino distinto y saqué las fotos del Roque Bentayga. Noli y Alexis fueron desde San Mateo a casa de mis suegros a esperar a que yo bajara, a eso de las 18:30, así que tiré por el camino más directo.
Vir prudens non contra ventum mingit
O lo que es lo mismo, «el hombre prudente no mea contra el viento». Y yo que decía que nunca más me iba a pasar nada raro en una caminata... Está claro que el hombre propone, pero la diarrea, los meniscos y los inyectores del coche, disponen ![]()
Espero que les haya gustado la historieta. Les dejo con una foto de Julián colgado de uno de los carteles del camino. ¿El motivo? Que es el único de mis amigos que me falta por enseñar, jijiji.
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Moi dijo
Me da que el de la energia negativa eres tu, porque todavia recuerdo cierta caminata improvisada que nos tuvimos que pegar desde la montañita de la otra isla. :P
28 Marzo 2006 | 09:45 AM