Slishbromfurkonfeldtrimtrig Loosenut

Ya no puedo recordar cuándo empezó todo. Fue hace tanto tiempo...
Dejad que ordene mis recuerdos. ¿Qué puedo decir de mí? ¿Qué puedo decir para que dejéis de tener los prejuicios estúpidos de la Gente Grande contra los de mi raza? Ni siquiera los Enanos, esos dechados de virtud se libran... Bah. Gentuza. Pero estoy divagando.
Nací diez años antes del desastre de Gnomeregan. Mis padres eran un par de gnomos acomodados del gremio de ajustadores de tuercas, moderadamente prósperos. La invasión de los troggs y la posterior infamia de Mekgineer Thermaplugg, sembrando nuestra ciudad de radiación para acabar con los intrusos (y de paso con todo rastro de vida, gnomos incluidos) fue un mazazo para mis padres, que tuvieron que abandonar la ciudad como el resto, en un largo éxodo en medio de la nieve y los ataques de los lobos. Huelga decir que con diez años yo no entendía nada.
De todas formas mis padres supieron salir adelante en la desgracia, montando un taller de ajuste de tuercas en Coldridge Valley, cerca de Ironforge, la fortaleza-capital de los Enanos.
Se supone que como todo gnomo tendría que haber abrazado el oficio de ingeniero, como mi padre Argishdrubalsonthramflos Loosenut, y antes que él su padre Tinkdelversojachumstres Loosenut. Sin embargo, desde que construí mi primer ratón mecánico para jugar con él, todo el mundo sabía que algo no andaba como debiera. Todo el mundo menos yo, claro.
Mis padres me contaron lo que pasó en aquellos años de mi infancia antes de... Bueno, no importa. Me contaron que cada vez recibían menos visitas debido a las «extrañas compañías» de su hijo. En lugar de fabricar artefactos perfectamente inútiles, como el resto de mi raza, fabricaba extraños objetos que atraían no menos extraños seres. Pequeños súcubos, demonios menores, poltergeists chillones. Para mí era normal. Eran mis amigos, mis compañeros de juegos.
Yo mismo supe que era diferente el día en que uno de mis amigos lastimó a Kerrinasildrovianudikemla Fewlights. Estábamos jugando en el bosque cuando de repente invoqué (no se me ocurre otra palabra) algo que aterrorizó mortalmente a aquella estúpida. Salió huyendo mientras me quedaba solo con aquello. Pero yo no tenía miedo. Para mí era algo natural. Aquel ser, todo sombras, todo oscuridad, se inclinó ante mí y pronunció una sola palabra:
Esperaré
Luego se desvaneció. Me quedé solo, en medio del bosque nevado, temblando de excitación. Jamás olvidé aquellas palabras, y en aquel momento, supe.
Sí, supe. Como también sabía que mis padres jamás aprobarían que su hijo se entregara a las artes oscuras. Si quería llegar a donde quiera que aquel ser me estuviera esperando, tenía que ser discreto.
Durante años trabajé duro en mi educación. Procuré no llamar la atención y dejé de invocar a mis amigos excepto en situaciones excepcionales en las que estaba seguro de mi soledad. Por otro lado, nadie creyó jamas la historia de Kerrina. ¿Qué se podía esperar de una chiquilla de la familia Fewlights? A fin de cuentas, no se distinguían precisamente por sus muchas luces.
Sin embargo, hasta los planes más cuidadosos se disuelven como una gota de azogue en medio del acero fundido. Una noche, estando completamente solo, me dediqué a invocar un demonio menor en mi casa. No había peligro, ya que mis padres habían ido a visitar a algunos estúpidos parientes a los arrabales de Ironforge. Me recreé en mi obra, en mi creación, flotando un metro por encima de mi cabeza, cuando la puerta de la casa se abrió de repente. Era mi madre.
Si no sois brujos, no podréis saber lo difícil que resulta controlar una manifestación demoniaca si falla la concentración. Después de todo yo era un novato. Aunque quizás no actué con la suficiente rapidez. O ganas. No lo sé. El caso es que el demonio atacó a mi madre, matándola en el acto.
Detrás estaba mi padre, demasiado aturdido como para acertar a decir una sola palabra. Se arrodilló al lado de mi madre mientras las lágrimas resbalaban por su cara.
Jamás me despedí de él. Salí de la cabaña con lo puesto y me perdí en medio de la noche. Después de todo, tenía medios para esconderme y sobrevivir. Durante años vagué solo por los bosques. No tenía amigos.
Viví pendiente de un hilo, esperando que los malditos Enanos se me echaran encima con sus perros para darme caza por haber sido el causante de la muerte de mi madre. Después de dos meses, en vista de que nada sucedía, me atreví a bajar al pueblo. En hora aciaga, pues nada más entrar en el pueblo di de bruces con mi padre.
Él me miró fijamente durante más de un minuto. Parecía querer decirme algo, pero lo que hizo fue caminar. Pasó por mi lado, como si no me hubiera visto. Como si jamás me hubiera conocido.
Fue la liberación. Sin palabras nos dijimos todo lo que teníamos que decirnos. Yo era libre, por fin. Nada de ataduras. Ahora podría seguir la senda de la brujería, la senda del poder. A todos los efectos, yo estaba muerto para mi familia. Era hora de un nuevo comienzo.
Sed bienvenidos a mi historia. Acompañadme a las más oscuras simas del infierno, donde iré sin dudar para conseguir el poder de dominar la oscura magia que una vez sometió Azeroth.
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Ad astra referenció
Slishbromfur... Bueno, eso, ¿lo qué?
... Les decía que llevo un par de días con la historia que acabo de publicar sobre Slishbromfurkonfeldtrimtrig Loosenut en borrador (nada de CTRL-C/CTRL-V aquí). No la había publicado antes porque no quiero someterles a dosis excesivas de alucinógenos escritos sin darles algo de respiro ...
17 Marzo 2006 | 03:32 PM