Como a los jerifaltes de este país les dé por hacer lo que nos cuenta Enrique Dans en su blog...

Imaginen que, por el motivo que sea, le deben una pasta al Estado. Sí, al Estado, con mayúsculas. Y no hace falta que se hagan los despistados. No puedo verlos.

Vale, ahora imaginen que su nombre aparece en una lista pública de morosos publicada en internet. Encantador, ¿no? Pues eso es lo que llevan haciendo algunos estados en los Estados Unidos desde hace algunos añitos, y parece que la cosa es efectiva, porque a nadie le gusta poner sus vergüenzas al descubierto. No es lo mismo estafar a Hacienda sin que lo sepa nadie que ser señalado por la vecina de arriba (que tiene rulos en la cabeza) mientras masculla lo pedazo de cabrón que eres. Por presentar un posible escenario, vamos.

¿Saben lo que les digo? Que me parece cojonudo, siempre que se haga bien, claro. La cosa es no poner el nombre de nadie en una lista sin los avisos preceptivos y nunca por debajo de ciertas cantidades. La misma fórmula se aplica en muchas comunidades de vecinos (la mía, sin ir más lejos), y resulta más efectiva, por lo sangrante: «fíjate, Godofredo, los vecinos de al lado deben una pasta; seguro que son unos muertos de hambre». Bueno, es que he seguido escenificándolo con la señora de los rulos en la cabeza...