La que nos estaba cayendo
Un colega con bastante mala baba me recordó amablemente que ayer no publiqué nada (lo de amablemente es por decir algo). El caso es que los dedos me picaban de mala manera por no haber escrito nada en el blog, pero todo tiene su explicación.
El día estaba perfecto para quedarse en casita haciendo el burro (eufemismo que utilizo a menudo en sustitución de «publicar»), ya que estaba cayendo la del pulpo. Dicho de otra forma, estaba lloviendo con dos cojones.
Saqué la foto que les muestro desde la ventana del salón, por la mañana. Eso que se ve todo gris no es bruma, sino lluvia. No paró de llover en todo el día, pero durante un buen rato parecía que quería llover todo lo que no había llovido el resto del año. Cosas de la climatología de Canarias, vamos.
Así, puestos, a quedarse en casita. Pero en lugar de publicar me recalenté el cerebro arreglando primero el ordenador de Yeyo, y luego el mío (algún día les contaré mis penalidades con la antigualla que tengo por ordenador). Cuando cayó la noche podía ni acercarme al teclado.
Pero tranquilos, que hoy sí que puedo. Y además haciendo trabajo de campo. Enseguida lo explico ;)
PS Jesús, creo que esta historia responde a una pregunta que me hiciste en la foto del ojo de mi hermano (es que hace días que no cargo mi Bloglines). Sí, está lloviendo. Mucho. Y se espera más lluvia, sobre todo en las islas occidentales.
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