Mis tentaciones con el World of Warcraft
Hace un rato estaba dando una vuelta por un centro comercial, aprovechando que ya abren los domingos, y me he comprado la revista Micromanía, uno de mis eternos vicios desde la época gloriosa del ordenador Spectrum. Ejem.
Bien, en la Micromanía de este mes han sacado un DVD, como todos los meses, con un montón de demos, parches y cosas así. Normalmente no hago ni caso al DVD, pero este mes contiene una semilla maligna.
Una versión de prueba del World of Warcraft, totalmente funcional y gratuita durante 14 días.
Cagüenlaputa. Ahora que me estaba desenganchando, me ponen esta zanahoria dopada delante de las narices...
Me explico. Para los que no lo sepan, el World of Warcraft es un juego de rol masivo multijugador en red (MMORPG según sus siglas en inglés). Tú tomas el papel de un personaje, eligiendo su bando, su aspecto, sus habilidades básicas, su profesión, etc. En esencia, se trata de vivir la vida de tu personaje en un mundo virtual en el que podrás interactuar con un montón de gente tan chalada como tú.
So far, so good, como dirían los ingleses. Sin embargo, yo ya he pasado por esto. Y tuve que dejarlo porque mis partiditas estaban empezando a consumir un tiempo del que, francamente, no dispongo.
Yo no critico a los juegos de rol multijugador como hacen otros, que en cuanto sale una noticia de un coreano tarado que se cae muerto al suelo después de 28 horas seguidas jugando, claman al cielo pidiendo que se prohiba este tipo de juegos. Gilipolleces.
Sin embargo, conozco mis limitaciones. A mí me gusta tener el ojo encima de un montón de cosas, y reconozco que cuando me vicio con un juego, me olvido hasta de la santa madre que me parió. Por eso prefiero juegos con un final a la vista. Hace poco me he fundido el Half-Life 2, uno de los mejores juegos que he visto jamás. Y, desde que empecé el juego, sabía que más tarde o más temprano tendría una escena de fundido en negro tras la que no habría más juego. Todo habría acabado.
Eso no sucede con los juegos de rol en red. Oh, sí, normalmente tienen una trama principal que puedes acabar, si le echas tiempo y ganas, pero como los creadores de estos juegos no se cayeron de la higuera, siguen sacando actualizaciones para mantener al personal bien enganchado («fidelizado», como se dice en la jerga del marketoide). Eso a mí no me gusta. No me gusta estar jugando a un juego eterno.
Por supuesto, se supone que en un juego de rol, conceptualmente, tienes que vivir la vida de tu personaje, la cual puede ser muy larga. Pero yo, sencillamente, no puedo. Tengo otros muchos intereses que me gusta desarrollar.
E pur si muove, parafraseando a Galileo. No obstante, tengo ganas de instalarlo y probarlo, por dos tres razones.
- Mi amigo Óliver, absoluto viciado del juego, probó también el Guild Wars y renegó completamente de él, dedicándose en un almuerzo que tuvimos a corromperme animosamente hablando de lo bueno, buenísimo que es el Worl of Warcraft en comparación con el Guild Wars.
- Tengo mucha curiosidad por ver de qué pasta está hecho un juego que ya tiene 4.5 millones de suscriptores en todo el mundo. Y eso que la cuota de suscripción es de unos 13 euros al mes.
- Si hago la prueba, tendré material de sobra para unas cuantas historias en el blog }:-)
Así pues, me lo instalaré en un momento, y que san Judas Tadeo, patrón de los imposibles, me coja confesao :)
Odio a los de la Micromanía.
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carlos dijo
jajajaja!
te cito..."No me gusta estar jugando a un juego eterno"
y digo: "tranquilo, para eso ya TIENES UN BLOG".
Esto si que es un juego, con personajes, personas, entes y algún que otro mutante.
(brillante descripción un obsesión).
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4 Diciembre 2005 | 08:48 PM