Imaginen que están una noche en un radiotelescopio, «escuchando» las señales que llegan del cielo, a ver si alguna de ellas podría contener algún patrón que la identificara como procedente de alguna civilización no terrestre.

Imaginen que de repente llega una señal mucho más potente que el ruido de fondo del universo, y encima, en unas frecuencias muy específicas del espectro.

Imaginen que la señal, transcrita como 6EQUJ5, les deja tan alucinados, que lo único que aciertan a escribir al lado es un simple «WOW!».

Imaginen que nunca más vuelven a recibir una señal ni remotamente parecida. Imaginen que no hay ninguna explicación razonable para el efecto.

Pues ya pueden dejar de imaginar. Simplemente lean la historia de Jerry Ehman en el Big Ear. Muy entretenida :)

PS Si quieren pueden leer algo más sobre la señal Wow! (así la llaman), en la Wikipedia (en inglés).