Trece años tras un incunable
Les voy a contar una historia de un libro y una búsqueda. O mejor dicho, les voy a contar una historia de la búsqueda de un libro. Sí, resulta más apropiado. Me voy a poner como la viejecita de «Las chicas de oro», en plan nostálgico.
Hace unos 12 ó 13 años, mis amigos y yo teníamos por costumbre pasar los fines de semana en una cabaña de madera en el pueblo de El Madroñal, en el municipio de Santa Brígida (Gran Canaria). La cabaña era un auténtico sueño, con techo a dos aguas, chimenea, unos terrenos de más de 5.000 m2 donde retozar, ejem... Lo ideal para que unos cabras de 18 años se dedicaran a hacer el burro los fines de semana.
La cabaña, que aún existe, aunque no vamos ya, es propiedad de la tía de uno de mis amigos, Cordero, y estaba llena de trastos guardados en los armarios. Como es lógico, fisgones que éramos, nos dedicábamos por las noches a explorar en busca de no sé bien qué tesoros ocultos en los armarios.
Yo encontré uno. Un libro.
Se llamaba «La nave», y era viejo. Muy viejo. Fue escrito en 1972 por Tomás Salvador, dos años antes de que yo naciera. Era un libro de ciencia ficción, ajado por el paso de los años.
Me lo leí en una sola noche. Borracho como una cuba, harto de vodka barato Turgeniev con fanta limón, sentado delante de la chimenea, mientras mis amigos, tan borrachos como yo, se dedicaban cada uno a sus rayadas particulares. Éramos un grupito bastante curioso. Ni uno de ellos enarcó una sola ceja al verme leer hasta las tantas de la madrugada con tanto alcohol en el cuerpo como para explotar en caso de haberme arrimado más a la chimenea.
Recuerdo que el libro era particularmente oscuro, con una atmósfera claustrofóbica que te envolvía desde la primera línea. Se respiraba fatalidad en todo el libro. Trece años después, todavía recuerdo algunos fragmentos de la lucha entre los kros y los wit.
Al terminar el libro, lo dejé en su sitio, a pesar de que mi vena gamberra y cleptómana me arrastraba a meter el libro en mi mochila para llevármelo a mi casa.
Cosa curiosa... Con el tiempo, me fui aficionando cada vez más a la lectura, y empecé una colección de la que estoy orgulloso. Tengo unas 430 novelas, más o menos, que abarcan desde la novela histórica hasta la ciencia ficción, pasando por la fantasía épica. Y, como no, tengo una lista de libros que quiero conseguir, pública además :) Pues «La nave» estaba a la cabeza de mis libros más buscados.
He estado todos estos años tras el libro de marras, buscando en librerías de viejo, foros de internet, en la extinta cYbErDaRk.net, etc. De hecho, hace tiempo que dejé de intentarlo, porque si lo hubiera hecho, hubiese visto la subasta del libro en eBay.
¿Y todo esto a qué carajos viene? Pues a que me he comprado el libro. Por fin. De pura chiripa. Me he pasado por El Corte Inglés al mediodía, aprovechando que tenía que hacer otras cosillas (la sección de libros debe tener algún tipo de mecanismo para atraer a los friquis como yo), y he visto el libro reeditado. Me lo he comprado sin dudarlo, aunque el precio rasca un poco, como todos los que se publican en tapa semidura (no sé cómo se llama el formato exactamente): 18 lerus.
He aquí la prueba.

Tengo una sonrisa de oreja a oreja :)
PS El bicho que se me ha colado en la foto es mi colega Aitor. Es un poco chupacámara.
PPS Suelo llamar a los libros de ciencia ficción descatalogados «incunables». Sin embargo, un incunable no es exactamente eso...
