Compréndanme. Es muy difícil. Se me hace muy cuesta arriba.

Imaginen la situación: tienes que esconder un secreto, no, en realidad muchos secretos, a tu esposa, a tu hermano, a tu cuñado y a un viejo amigo. Te sientes observado. Quisquilloso. Huraño. No es para menos.

Vas conduciendo en el coche y notas miradas de reojo, sonrisitas que nacen en su fuero interno cuando cocinan secretos tan terribles como los tuyos. O más. Tú sabes que ellos saben que tú lo sabes. Como decía Frank Herbert, planes dentro de planes dentro de planes.

En cuanto tienes una ocasión te escapas, con la mente. Aprovechas cualquier momento de soledad, real o imaginaria, e intentas aislarte. Intentas no dar pistas. Podrían descubrir tus secretos. Eso es impensable. Antes, el harakiri.

Tu esposa te pregunta «¿En qué estás pensando?» Tú replicas «¿En qué estás pensando tú?» Acabas en un esquema recursivo, sin visos de tener condición de salida. Interminable. Infinito.

Compréndanme. Es muy difícil. Se te hace muy cuesta arriba escribir un blog y mantener tu, ejem, línea editorial en secreto si tu esposa, tu hermano, tu cuñado y un viejo amigo también escriben un blog. Y mantienen sus líneas editoriales en secreto. Cómo no.

Qué difícil es hacerse el loco.

Pero qué cantidad de picante le pone a la vida :)