Las vaquitas de Yeyo
Um... Bueno, las vaquitas no son realmente de Yeyo. Son de un vecino. Pero será mejor que empiece por el principio.
La Atalaya de Santa Brígida. 1974. Er... Quizás no tan al principio. Tachen.
La Atalaya de Santa Brígida. 1974. Er... Quizás no tan al principio. Ya está tachado.
Sigamos. El sábado pasado, después del cóctel de gofio, fuimos a la casa de Yeyo a tomar un café y a charlar un rato, como ya he explicado. Cuando estábamos en la azotea, disfrutando de las vistas (sobre eso tengo otra historia más), de repente tuve una visión.

¡Una vaquita! ¡MUUU! ¡MUUUUUUUUU! Ni que decir tiene que bajamos pitando a ver la vaquita de cerca. Sí, he dicho bajamos. Porque el Yeyo vino conmigo. Y lo único que se le ocurre decirle a su vecino es «¡Cristiano! ¿No le importa enseñarle las vacas al muchacho este, que parece que no ha visto ninguna en su vida?». Muy fino. Me cago en los caracolillos de su pelo }:)=)
Los siguientes 10 minutos fueron de puro paroxismo vaquitófilo. ¡Aaaaah! Una vaquita incluso quiso darme un beso (de vaquita, claro). Pero le enseñé el anillo y le dije que estaba casado. Ella también me enseñó su anillo.

Como sé que hay gente con mucha mala baba por ahí, me saqué una foto con una de las vaquitas, para que quede bien claro que son mis amiguitas y me llevo muy bien con ellas.

Qué bien. Me encanta hacer amigas nuevas.
PS Encontrarán las fotos de las vaquitas en Flickr, como siempre. Están en el álbum de fotos del cóctel de gofio.
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daminor dijo
Desde luego ya yo no sé hasta dónde llega tu obsesión por las vacas...
17 Octubre 2005 | 08:15 PM