Elemental, querido Chaplin, de Rafael Marín
¿Alguna vez se han sentido atrapados por un libro desde la primera página? Imagino que sí. Eso es algo que le habrá pasado a muchos y muchas de ustedes.
Sin embargo, ¿con cuántos libros pueden decir que se hayan sentido atrapados desde el prólogo? Yo les puedo asegurar que, de mi biblioteca, los que han logrado eso se cuentan con los dedos de la mano.
«Elemental, querido Chaplin», de Rafael Marín (enlazo su blog, uno de mi lista de favoritos, dicho sea de paso) es una novela de Sherlock Holmes, como podrán imaginar. Pero no se trata de una novela normal de Sherlock Holmes. Se trata de una ucronía, es decir, una novela que toma hechos históricos como base, mezclando otros hechos imposibles o no probados. El mismo título de la novela nos da una pista. ¿Sherlock Holmes y Charles Chaplin juntos? Pues sí. ¿Tiene sentido eso? También. Ahora verán por qué.
Los anglosajones tienen una palabra para la sensación que te embarga cuando te concentras tanto en una película o libro que desconectas de la realidad. Lo llaman suspension of disbelief, o lo que se ha dado en llamar en español «suspensión de la incredulidad». En una ucronía tienes que hacer un ejercicio completo de suspensión de tus facultades críticas, al menos en la línea temporal, puesto que sabes que estás leyendo algo premeditadamente falso pero que pretende pasar por verdadero. Y si en el prólogo te lo recalcan, razón de más.
Rafael Marín logra esto de forma maravillosa. En ningún momento me ha dado la impresión de que la novela tenga grandes pretensiones. Todo lo contrario. Cuenta las cosas de una forma sencilla, humana y cercana. Sin embargo, poco a poco te metes en la novela y te das cuenta de que estás dentro. Completamente dentro. Imaginas los trajes, las voces, los escenarios. Muchos de ellos sacados de las películas del inimitable Basil Rathbone, todo hay que decirlo (ese hombre fue Sherlock Holmes, más que ningún otro). Los personajes son coherentes, tienen personalidad, e incluso agradeces el hecho de que Marín no pinte a Holmes como un terrible misógino y cocainómano, cosa que sucede en otras novelas holmesianas.
En cuanto a Charles Chaplin, lo cierto es que nunca me he interesado por la figura de este actor, inmortal e inolvidable. Sin embargo, Marín ha logrado algo difícil: imaginar a Charlot sin su bombín, sus pantalones bombachos, su bigotito y su bastón de caña. Porque no creerán que Charles Chaplin nació siendo Charlot, ¿no? No les diré más, porque les estropeo la novela (o como dirían algunos, no voy a soltarles un spoiler). Si creen que Chaplin no puede encajar en este contexto, les invito a que lean la novela y comprueben lo equivocados que pueden llegar a estar.
Lo único que le he echado de menos a la novela es un poco más de extensión. Me la he ventilado en dos días, cosa que no me sucedía hace tiempo. Solo hago eso con las novelas rematadamente buenas. Creo que las últimas novelas que leí de esa guisa fueron los Cantos de Hyperion, de Dan Simmons (cuatro novelas, de las que hablaré algún día).
Yo no soy un sesudo analista de novelas. De hecho, mis gustos son más bien simples, casi siempre orientados a ciencia-ficción, fantasía épica y novela histórica. «Elemental, querido Chaplin» es una novela a caballo entre lo histórico y lo fantástico, como solo pueden ser las novelas de Sherlock Holmes. Es justamente esa combinación la que hace de esta novela una pequeña joya, una delicia.
Lo único que me resta por hacer es recomendarles que la compren y la lean. Cuesta unos 15 € en El Corte Inglés, más o menos (me llevé el último ejemplar en El Corte Inglés de Siete Palmas, en Las Palmas de Gran Canaria, el sábado pasado). Lectura amena, ligera, sin pretensiones, pero muy entretenida. Hace tiempo que no me lo pasaba tan bien leyendo una novela.
Ahora, a por otra :)
PS Por cierto, he publicado en Flickr la foto que abre esta historia, por si quieren mirarla más de cerca :)
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