Hace un momentito (sí, realmente hace solo unos momentos) les hablaba de la continuidad (o no) que ciertos autores pueden aplicar a la hora de jugar en mundos de ficción ideados por otros autores antes que ellos. En este caso, se trataba de la saga sobre los orígenes de Dune.

Cuando estaba hablando del tema con mi colega Aritz me vino a la cabeza otra saga que es un ejemplo perfecto de mundo en continuidad, pero bien hecho. Bien hecho de verdad.

Uno de mis santos patronos de la ciencia ficción es Isaac Asimov. Un amigo mío lo describió una vez como «un jodido ladrillo, pero muy interesante» (la cita es de mi colega Mavick). No voy a liarme con las habilidades narrativas de Asimov, porque no acabo más nunca (a lo mejor en otra historia). Pero sí quiero comentarles una trilogía escrita tras la muerte del Maestro: «Nueva trilogía de La Fundación». Esta trilogía se ubica a medio camino entre las novelas iniciales de La Fundación (génesis de La Fundación, la psicohistoria, ascenso de Hari Seldon, etc.) y las novelas más eclécticas del final (relación con los robots, el mundo de Gaia, etc.) Por cierto, está claro que si no has leído las novelas, probablemente te sonaré a chino. Paciencia :)

La nueva trilogía esta serie está compuesta por tres novelas: «El temor de La Fundación» de Gregory Benford, «Fundación y caos» de Greg Bear y «El triunfo de La Fundación» de David Brin. Los herederos de Isaac Asimov concedieron permiso a estos tres autores para escribir una continuación al universo de La Fundación a tres manos.

La principal diferencia de estas novelas con la serie escrita por Brian Herbert y Kevin J. Anderson ambientada en el universo de Dune es su sentido absoluto del «escribo-lo-que-me-da-la-gana». Digamos que Benford, Bear y Brin (por algo les llaman «las tres B's de la ciencia ficción») han tomado el universo de Asimov y han hecho lo que les da la gana con él, dentro de unos límites... Aunque en el caso de Benford, te cuesta creer que estés leyendo una novela ambientada en el mismo universo de Hari Seldon.

La nueva trilogía de La Fundación puede gustarte o no, pero lo que está claro es que sus autores no se han limitado a darle fuelle al antiguo universo ideado por Asimov. Han aportado su visión propia, única, de ese universo. Por supuesto, cualquier purista clamará al cielo, pero qué quieren que les diga: Asimov está muerto, y estos tres no son Asimov. Me alegré de que hicieran el borrico con su mundo.

Otro caso parecido es el de Donald Kingsbury y su novela «Crisis psicohistórica». Este autor, no tan conocido (al menos para mí) como los otros tres, logró algo impresionante: sin tener los derechos completos de publicación (hubo algún rollo raro con los propietarios del legado de Asimov) escribió una novela que respeta en buena medida el espíritu del universo de La Fundación, dándole una buena vuelta de tuerca con su propio estilo. Buenísima, en una palabra. Me leí el libro de una sentada mientras estaba convaleciente en el hospital de una colecistectomía (extirpación de vesícula), hace dos añitos (un buen tratamiento de adelgazamiento, aunque un pelín incomodo, por el postoperatorio).

Bueno, creo que ya les he aburrido lo suficiente con mis desvaríos. Ya les iré comentando los libros que vaya leyendo más adelante.