La continuidad de los mundos
Hace un rato, cuando iba a comer (los lunes suelo ir a comer a Ca'Dory, en la Plaza de Santa Isabel, Las Palmas de Gran Canaria), estaba hablando con mi colega Aritz sobre el último libro que estoy leyendo: «La Casa Atreides» de Brian Herbert y Kevin J. Anderson. Les he enlazado una reseña absolutamente cojonuda de Bibliópolis.
Soy un consumidor incansable de ciencia ficción, y tengo una biblioteca más o menos decentita, para desesperación de mi 50% y oficial de logística favorito, que con toda razón, argumenta que dónde cojones vamos a meter todos esos libros (de momento los tengo apilados en cajas en una habitación). Una de mis sagas favoritas es «Dune», de Frank Herbert.
Es posible que más de uno o una haya sentido arcadas justo en el momento de leer la última «e» de Dune, y sospecho que se debe a cierta, ejem, película, que rodó David Lynch hace ya unos añitos. Está claro que sobre gustos no hay nada escrito, pero vaya por delante que a mí tampoco me gustó la peli. Es proverbial la diferencia existente entre los libros y sus adaptaciones cinematográficas, pero intentar plasmar lo que contaba Frank Herbert, y sobre todo cómo lo contaba, es algo que está fuera del alcance de cualquier cineasta. Eso creo yo, al menos.
En fin, el caso es que Herbert tenía una habilidad especial para recrear su universo. Sus personajes pensaban más que actuaban. Las novelas de la saga iban complicándose en una serie de intrigas recursivas, hasta que mareaban, de puro complicado. Justo como a mí me gusta. Además, las novelas de la serie Dune trataban sobre el ser humano y sus motivaciones (o sobre los imponderables de sus motivaciones) antes que sobre tecnología.
Vale, hasta aquí bien. El caso es que me compré «La Casa Atreides» por aquello de comprobar cómo se las había apañado el hijo de Frank Herbert para llevar adelante la novela. En alguna ocasión creí leer que Brian Herbert en realidad no ha escrito las novelas, sino que aparece como coautor por ser el propietario de los derechos sobre el universo de Dune, legado de su padre. El trabajo «sucio» es obra de Kevin J. Anderson, autor al que no conozco (así parto sin prejuicios).
El caso es que... La novela no acaba de encajarme, pero todo tiene su explicación. Cuando ya llevaba un buen puñado de páginas deglutidas, me di cuenta de que el libro no me estaba gustando demasiado, pero al mismo tiempo me di cuenta de que el problema no estaba en la novela, sino en mi percepción de la misma (esta frase es deliciosamente provocativa, y soy consciente de ello). El problema radicaba en que yo estoy comparando constantemente la novela con la saga original escrita por Frank Herbert. Y va a ser que no.
Frank Herbert tenía un estilo que le era muy propio, y que no he visto en ningún otro autor. Los personajes eran tratados en profundidad, dedicándoseles páginas y páginas acerca de sus líneas de pensamiento. Dicho así, suena aburrido, pero no lo es, en absoluto. Sin embargo, en «La Casa Atreides» estamos ante una novela diferente, de aventuras, del tipo space opera. Y la novela no es mala. Solo es diferente. Y creo que en eso los autores han acertado de pleno.
Eso de subirse a hombros de gigantes puede ser muy jodido. Cuando Herbert y Anderson escribieron la novela probablemente eran muy conscientes de que su obra iba a ser comparada en todos los aspectos con la obra de Frank Herbert. Y tomaron la decisión más sabia: hacer las cosas a su manera, respetando el escenario que pintó Frank Herbert en su universo. Desde que me he dado cuenta, he empezado a disfrutar más de la novela. De hecho, Frank Herbert dejó muchas cosas en el aire en la saga original, y es en esos puntos donde se nota a los autores de «La Casa Atreides» más sueltos.
Veremos qué pasa con las otras novelas. De momento ya he comprado «La Casa Harkonnen», y me falta «La Casa Corrino». La cosa no acaba ahí: este par ya ha publicado en España «La jihad butleriana» en fechas recientes, como parte de otra trilogía más... En fin, a explotar el filón, que para eso está.
Mm... Veo que la historia me está quedando un poco larga, así que publicaré el resto que tengo pensado en otra historia sucesiva. Creo que tengo el cerebro atestado.
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yeyo dijo
No las he leído, pero está claro que Dune tuvo muchas referencias cinéfilas, a pesar de su fiasco de crítica.
Un saludo y a seguir "gastando", para persiguir a la bestia de los huevos de oro...jajaja
Un saludo
19 Septiembre 2005 | 07:00 PM