Fermat: El pequeño y el último teorema
En ocasiones se me ocurren las historias de formas muy raras. Creo que ya he comentado que me siento particularmente inspirado cuando estoy haciendo fuerzas sentado en el retrete, apretando el tubo de la crema de chocolate. La ducha también es un buen lugar para sentirme inspirado, por ejemplo.
Mm... Digresiones aparte, cuando fuimos a Tenerife hace dos fines de semana, me pasó algo curioso. Cuando viajo en barco me siento como si me ataran una soga de esparto a la campanilla: como me miren de reojo, vomito. Por lo tanto, a lo largo del viaje sufro desconexión cerebral total. De hecho, tengo un truquito infalible para no marearme... ¡Dios! ¡Con eso puedo escribir otra historia! ¡VIVA, VIVA!
Ejem, les decía que me desconecto por completo, pero en este último viaje aguanté despierto un poquito más de lo normal. En estas que Noli va y me enseña una libretita de notas que tenía en la mochila. Como no habíamos usado esa libretita desde nuestro último viaje a La Gomera, me puse a revisarla, ya que a veces escribo cosas muy raras y luego no me acuerdo.
Et voilà! En una página de la libretita (es un bloc de notas pequeño, de cuadros), había una anotación que ponía lo siguiente:
Debajo, en rojo, ponía «El pequeño teorema de Fermat». Y nada más. Una página perfectamente vacía, y al mismo tiempo, perfectamente llena. Porque, si no, ¿cómo se explica que nada más verla le espete a mi 50% la frase «aquí hay material para una historia». Menos mal que ya sabe que cuando pongo la mirada extraviada es que estoy haciendo funcionar los engranajes a toda velocidad y no me lo tiene en cuenta :)
Como suelo hacer en estos casos, recurrí a mi querida Wikipedia para encontrar información sobre Pierre de Fermat, matemático francés contemporáneo de Descartes. Como la Wikipedia explica su vida mejor que yo, y además el artículo no es muy largo, les evito la parrafada made by Ad astra.
Por lo que respecta al teorema... Verán, tengo una costumbre un poco rara... Bueno, en realidad son muchas mis costumbres raras. Pero eso no viene al caso. Céntrense. Decía que tengo la costumbre de intentar recordar por todos los medios cualquier detalle raro que me viene a la memoria. Hago asociaciones un poco curiosas. Y el caso es que no podía recordar por qué carajos apunte yo nada sobre un teorema de Fermat que además no me sonaba de nada. Sin embargo, sí recordaba haber leído hace muuuuchos años algo acerca de un teorema que Fermat escribió en el margen de una publicación, dejando caer, como el que no quiere la cosa, que había una demostración maravillosa para el teorema. Pero nunca escribió esa demostración.
Por desgracia, no he logrado averiguar por qué escribí en mi libreta acerca del pequeño teorema de Fermat. Es posible que estuviera haciendo investigaciones en alguna época sobre aplicaciones criptográficas, en las que los números primos son importantes. Pero vamos, ni puta idea. Me he leído el teorema y va a ser que no pongo nada más de él por aquí. No quiero que nadie manche su teclado con vómitos, debido a algún síndrome soterrado de regresión post-traumática por fobia a las matemáticas.
En cuanto al último teorema de Fermat, que es así como se llama el teorema que dejó sin demostrar, su historia resulta curiosa.
Fermat anotó en el libro «Arithmetica», de Diofanto de Alejandría (un matemático griego muy anterior a su época) una generalización a un problema de cuadrados enunciado en dicho libro. La generalización era (perdonen por la fórmula):
Fermat afirmaba que la ecuación era válida para cualquier exponente superior a dos, con estas palabras:
Es imposible dividir un cubo en suma de otros dos o un bicuadrado en otros dos bicuadrados, en general una potencia cualquiera superior a dos en dos potencias del mismo grado; he descubierto una demostración maravillosa pero en este margen es demasiado estrecho para contenerla.
A ver... ¿Dijo «el margen es demasiado pequeño para contenerla»? Y no solo eso, sino que Fermat nunca escribió la demostración en los 35 años de vida que le quedaban. A mí eso me suena a farol, pero de los buenos. Este tío tenía que ser un crack jugando al póquer.
El teorema permaneció indemostrado hasta 1995. Echen cuentas: Fermat escribó su fanfarronada en 1630, y fue demostrada, siguendo un método que no entiendo ni leyéndolo del revés por Andrew Wiles nada menos que 365 años más tarde.
Eso son ganas de joder, señores. Pero no vamos a quitarle el mérito. Hoy, 375 años después de enunciar su teorema, a mí me ha dado por escribir algo al respecto, sacándome de mi letargo blogueril.
PS Tengo mono de escribir historias, pero ando muy enmarronado en el curro. Cuando saque todas las historias que tengo en mente, se van a enterar.



yeyo dijo
Con fanfarronada y todo, el teorema lleva su nombre y así quedará para la historia. Un fanfarrón con suerte...jajaja
Pd.: me acordé de la película "El Indomable Will Hunting"...jajaja y la de Rusel Crowe...
Un saludo
29 Agosto 2005 | 11:13 PM