Aquellos locos cacharros
Cuando me fui de casa de mis padres y me mudé a mi casa, inicié el proceso de empaquetado de un millón de cosas que ni siquiera recordaba tener. Por supuesto, mi padre me ayudó amablemente empaquetando todas mis cosas al segundo día de haberme mudado... ¿Eficiencia extrema o ganas locas de que me marchara? No sé, no sé... Creo que tendré que preguntarle :)
Supongo que más de uno y de una se habrá llevado una buena sorpresa rebuscando entre esos trastos viejos y descubriendo cosas que creía desaparecidas en algún vertedero hace muuuucho tiempo. A mí me pasó eso con el Pengo.
(en este momento a mi hermano se le estará escapando una sonrisilla)
El Pengo era un videojuego que me regalaron mis padres cuando yo tenía unos ocho o nueve años, en la noche de reyes. Era endiabladamente difícil en los niveles altos. La cosa iba de una especie de pinguino que tenía que atrapar a unos bichejos en unos bloques de hielo. Parecía sencillo, pero me tuvo enganchado durante mucho tiempo.
Bueno, resulta que yo siempre fui un niño que cuidaba sus juguetes, así que todos me duraban mucho. Eso hasta que nació el cabrón de mi hermano y se dedicó a la sagrada tarea de destrozar sistemáticamente todos mis juguetes. Sin embargo, de alguna manera me las arreglé para salvar algunos de la quema.
(en este momento mi hermano está pensando las barbaridades que puede decirme en una historia o en su defecto, en los comentarios de esta)
A ver, echen cuentas... Mis padres me regalaron el Pengo más o menos en 1983, hace 22 años. ¿Pueden creer que todavía funciona? ¿No? Pues échenle un vistazo al aparatito. Ah, mando al carajo a sinsangre de forma preventiva antes de que me acuse de haber hecho un montaje con la foto. Es un tipo ruin.
Cuando he empezado a escribir este artículo, he tenido un rapto de inspiración y me ha dado por buscar «bandai pengo» en el Google... ¡Y resulta que el Pengo es famoso! Apenas puedo creer que haya otras personas que lo tengan y le dediquen artículos... Snifff... Para muestra, un botón. Qué coño, dos botones. Por lo visto este videojuego es una pieza bien cotizada en el mercado de reliquias electrónicas... Pues me parece que voy a cuidarlo bien. A ver si me dura otros 22 años por lo menos.
¡Ah, la nostalgia!
PS ¡YASSSS! Casi se me olvida... En realidad he sacado unas cuantas fotos del Pengo. Disfrútenlas.


sinsangre dijo
No le crean, ese Pengo se lo presté yo una de esas noches en las que ponía como excusa jugar una partida de Rol.
El tipo aprovechó que iba al baño (generalmente me lo llevaba a jugar mientras espero, otros hacen cosas peores) para quitármelo, ya que yo le había cogido uno de sus millones de libros.
Y ahora me entero de donde está mi jueguecito.
24 Agosto 2005 | 11:32 AM