Blacksmith's Cross
El título de esta historia, traducido del inglés, quiere decir «Cruz del Herrero». Y así es justamente como se llama el sitio en el que nació mi 50% y en el que viven mis suegros y mi cuñado. Es que yo lo llamo así para despistar.
Creo que ya he comentado en alguna ocasión que soy más del campo que las amapolas. A mí me dan una vaquita a la que sobarle las ubres, unos pastos ubérrimos y un poco de olor a estiercol restregado en la ropa, y soy feliz como un cerdo retozando en su charca de aguas fangosas. Bueno... Vale, a lo mejor me he pasado en la descripción. Demasiado gráfica. Pero creo que captan la idea, ¿no?
Yo nací en la zona centro de la isla, concretamente en la Atalaya de Santa Brígida, para los que conozcan Gran Canaria. Pasé allí seis años de mi vida, hasta que mis padres tuvieron que trasladarse a la zona sur de la isla, a Maspalomas, por cuestiones de trabajo. Supongo que algo me quedó de aquellos seis años, porque no hay nada que disfrute más que una tarde de silencio y paz en el campo, observando cómo se pone el sol sin más ocupación que contar el número de moscas que revolotean a mi alrededor. Eso es nirvana, y lo demás son gilipolleces.
Mi madre, que es medio meiga, siempre dijo que yo iba a acabar con una del campo. Bueno, digo yo que con tal nivel de aciertos, ya podría echar la quiniela y dejarme un pico de lo que tocara, ¿no? El caso es que hace ya siete años y pico que conocí a mi 50%, y desde entonces no he dejado de disfrutar de su pueblo natal (debo decir que de ella también, no sea que luego se me enfade y se líe a poner comentarios insidiosos).
La Cruz del Herrero es un barrio del municipio de San Mateo justo en la linde con el municipio de Teror. Está por encima de otro pueblo llamado Utiaca, famosillo porque por allí pasa el barranco de Guinigüada, que va a parar a Las Palmas, y que allí se llama barranco de La Mina. Apenas habrá medio centenar de casas desperdigadas. Sus silencios son impresionantes, y sus gentes son de lo más cálido que se pueda imaginar. Aunque como todos los pueblos pequeños, tiene su buena ración de chismosos y chismosas, jiji. Todavía recuerdo el primer día que llegué allí: tenía el pelo largo recogido en una coleta, tan tirante que tenía las cejas en medio de la frente, no fuera a ser que se me saliera un solo pelo del sitio. Los lugareños me miraban un poco raro. Más raro me miraron cuando me afeité la cabeza. Supongo que a estas alturas estarán ya acostumbrados :)
La Cruz del Herrero se encuentra en una cresta enclavada entre dos barrancos. A un lado está en barranco de la Mina, y al otro lado está el barranco que alimenta la presa de Ariñez. No sé cómo se llama ese barranco, pero seguro que mi cuñado podrá responderme en los comentarios, que para eso vive allí. Normalmente podrán verme allí los sábados por la tarde, sentado en el patio mirando al techo mientras reflexiono sobre lo humano y lo divino. Y es que el lugar se presta a la reflexión profunda, más que nada porque no hay dios que te interrumpa. Por la noche hasta tienes que tirarte algún peo a ver si no te has quedado sordo. Por supuesto, hay métodos menos expeditivos, pero no tan divertidos. Sobre todo cuando tienes la parienta al lado.
Bien, para acabar les diré que he subido a Flickr unas cuantas fotos de la Cruz del Herrero, para que vean un poquito de lo que yo veo todos los fines de semana y se hagan una idea. Saqué las fotos hace bastante tiempo, cuando me compré la cámara, así que no están muy finas que digamos (todavía no tenía ni puta idea de cómo manejar la cámara). Sin embargo, tengo previsto sacar más fotos cuando mejore el tiempo y tengamos un cielo azul de esos que te invitan a salir a revolcarte en el fango como... Um... Un momento, creí que había dejado atrás esa parte. En fin.
Disfruten de las vistas. ¿Oyen el silencio? Yo sí :)
