Carcassonne
Uno de los sitios que visitamos mi 50% y yo durante el viaje de novios fue la ciudadela medieval de Carcassonne (pronúnciese como si se estuviera haciendo ligeras gárgaras). Si quieren pueden ver el mapa de carreteras para llegar hasta allí.
Nos tuvimos que pegar unos 180 kilómetros de camino desde Andorra la Vella, que era donde nos alojábamos, hasta la cité de Carcassonne. También fuimos un poco a salto de mata, porque decidimos ir allí la noche antes, usando una pequeña guía de viajes sobre el sur de Francia que nos habíamos comprado antes del viaje :) En realidad hicimos así todo el viaje, decidiendo casi sobre la marcha a dónde íbamos a ir el día siguiente.
El caso es que nos pusimos en marcha tempranito, para aprovechar el día, después de habernos jartado de comer en el hotel para el desayuno (nunca se sabe, como quedó demostrado en nuestra caminata catastrófica).
La verdad es que suena a tópico, pero nada más atravesar la frontera francesa el paisaje cambió (disculpen si sueno a pueblerino; soy pueblerino, y lo disfruto como un chiquillo). Cada uno de los pueblecitos que nos encontramos por el camino (Ax-les-Thermes, Tarascon, Mirepoix, etc.) era una pequeña maravilla. Como los pueblecitos rurales que se ven en las películas, y encima había châteaux (castillos) encima de cada colina.
Como ya se imaginarán, saqué fotos hasta la náusea. Cada rinconcito tenía algo que ofrecerme: un juego de luz, una escena bucólica, un château del siglo XII... En fin, nos los estábamos pasando de cojones.
Tengo que decir una cosa de las carreteras del país cátaro, en el sur de Francia: están muy bien señalizadas. Noli y yo usamos de forma intensiva la Guía Michelín a lo largo de todo el viaje, pero en Francia casi nos olvidamos de usarla, porque los lugares importantes (como Foix o Carcassonne) estaban señalizados hasta 100 kilómetros antes de que llegáramos. Sí, como lo oyen. En aquella zona, hasta la carretera secundaria más insignificante tenía su cartel. Y como buen ingeniero informático que es uno, no pude dejar de apreciar que la señalización a lo largo de todo el recorrido era homogénea. Si un pueblo minúsculo tenía su señalización, todos lo tenían.
Digo esto porque en principio teníamos la idea de tomar una ruta en «L» invertida que nos llevaría subiendo por la N20/E9 hasta Foix para luego seguir por la autopista A66 hasta las cercanías de Toulouse, y allí girar al este por la A61/E80 directos hasta Carcassonne. No era la ruta más corta, pero no queríamos liarnos innecesariamente.
Sin embargo, un poco antes de llegar a Pamiers nos desviamos sin querer por una carretera secundaria, la D119 en dirección a Mirepoix. En realidad podríamos haber dado la vuelta con facilidad, porque los cambios de sentido estaban bien señalizados, pero nos dio por seguir adelante, ya que la carretera constaba en el mapa, y el camino parecía más corto.
Fue todo un acierto. Interminables campos de girasoles, o con balas de heno enrrolladas (parecía una foto que he visto en el Bocatta), carreteras llanas a más no poder... Solo tomamos finalmente la autopista cuando ya estábamos cerca de Carcassonne.
Cuando llegamos a la cité me quedé con la boca abierta... ¡Tenía ante mis narices un pedazo de castillo medieval igualito a los que yo hacía de pequeño con legos! Es difícil de describir si no lo tienes delante... Me quedé por lo menos cinco minutos mirando a los muros junto a la porte Narbonaisse, recorriendo el foso de un lado para otro. Creo que estuvimos más de tres horas dentro de los muros del castillo.
La cité está formada por una muralla exterior, construida en el siglo XIII, una muralla interior, construida entre los siglos I y XII, y una estructura interior, el château comtal o el castillo del conde. Si les apetece, pueden ver un plano interactivo de la cité. Nosotros entramos por la porte Narbonaisse, que es la puerta principal y más vistosa... Aunque también es la más prostituida.
Me explico. Una cosa que me chocó nada más llegar a la puerta fue un tiovivo absolutamente justo al lado del foso con una música de tipo tachín, tachín muy estridente. Lo mejor fue el comentario de una chica que pasó por mi lado mirando con asco al tiovivo diciendo «I hate this sound». Pues sí. Yo también odié aquel sonido.
Aquello no era más que el principio. Cuando atravesabas el foso y cruzabas por la puerta hacia la Rue Cros Mayrevieille veías un montón de tiendas, hoteles y restaurantes dentro de los muros del castillo. Eso se cargaba todo el encanto. Sin embargo, nuestra guía de viaje nos recomendaba patearnos el perímetro de las murallas y entrar por alguna pequeña puerta secundaria para acceder a sitios poco transitados. Se ve que a la autora de la guía (no recuerdo el nombre y no tengo la guía delante) le gustan los parques temáticos tan poco como a mí. Lo que me gusta es ir a mis anchas, sin que nadie me haga visititas guiadas.
En fin, como lo mío no es la poesía, no me extenderé más sobre la ciudadela. Dejaré que las fotos hablen por sí mismas. Ah, y tengo intención de volver allí. Algún día de estos :)
PS Esta va por mi amigo Julián: en Francia también saben acerca de LA FUERZA.
PPS En mi vida había visto un cartel tan explícito.


yeyo dijo
No las he visto, pero me han hablado de muchos pueblos en Francia que quitan el hipo. Supongo que me tendría que llevar 4 cámaras, ya que seguro la mía se pondría de huelga...jajaja...
Estaré atento a tu ruta cuando yo piense hacer una por ahí...
Un saludo.
Pd: Te acabo de mandar mi ojo. Trátalo bien...jajaja
22 Agosto 2005 | 02:12 PM