Basado en hechos reales
Llevo un par de días sin escribir porque ando algo enmarronado en el curro. Aunque bien mirado, también podría decirse que no he escrito porque cada vez que me acerco al teclado para contarles esta historia me entra un dolor de cuello de tres pares de cojones. Vayamos por partes...
En primer lugar, cierto facineroso que yo me sé me pidió pruebas de mi presencia en Tenerife este fin de semana. Pues toma pruebas, con el Cabildo de Tenerife al fondo.
En segundo lugar, quería comentarles que ando un poco sensible en la zona del cuello. Una quemadurita de nada. Como si me hubiera puesto un collar de uranio enriquecido.
¿El motivo? Bien simple: quemadura solar, producto de haberse perdido durante nueve horas en las Cañadas del Teide.
¿Qué, ya han dejado de reirse? ¿Sí? Pues nada, ahora empiezo a contarles. Todo empezó el domingo, cuando decidimos hacer un poco de senderismo por las Cañadas del Teide. Habíamos buscado información en internet el día antes sobre senderos de Tenerife, pero no encontramos nada sólido. Así que fuimos al centro de visitantes de El Portillo para conseguir un mapa de senderos.
Allí nos dijeron que no tenían mapas orientativos de senderos, pero nos dejaron uno que más o menos servía. Bueno, no es que fuera muy detallado, pero... En fin, podía valer. No es la primera vez que hacemos un sendero de esa guisa.
El sendero que íbamos a hacer partía del centro de visitantes de Cañada Blanca, más o menos. Eso está en frente de Roque de García. La ruta era circular, entrando por una pista de tierra por debajo de la entrada del sendero de Siete Cañadas, subiendo al macizo de Guajara y bordeando la vertiente sur del circo de las Cañadas hasta volver al centro de visitantes de Cañada Blanca.
Se nota que me sé el camino de memoria, ¿eh? Bueno, de entrada todo parece correcto, pero les diré una cosa: nunca se les ocurra empezar a caminar por las Cañadas del Teide a las 13:00. Ejem. Hace mucho calor. Muchísimo.
El caso es que llevábamos agua y algo de comida, no mucha (fruta y frutos secos, más que nada), porque teníamos previsto acabar la caminata en unas cuatro horas, más o menos. Por lo menos esa fue la estimación que nos dieron en el centro de visitantes.
Así pues, empezamos el camino, felices, contentos y pardillos. El principio el paisaje no nos gustaba demasiado, porque la pista discurre por una especie de garganta con el mar de lava a la izquierda (dirección norte, más o menos) y un macizo de rocas a la derecha.
Después de un ratito caminando, teníamos que ascender hasta el Roque de Guajara por la ruta número 5 de las Cañadas, salvando un desnivel de unos 700 metros. Ahí empezaron a ponerse las cosas interesantes, porque la cuestita tenía bemoles. Pero bueno, después de un buen rato subiendo y de una pájara que le dio a una de mis pateapelotas favoritas (léase «jugadora de fútbol»), llegamos a la cima, con unas vistas cojonudas.
Pues nada, decidimos seguir adelante, con calor, pero sin mayores problemas. El terreno es un poco abrupto, pero después de salvar el desnivel inicial, no tiene mayores problemas. El caso es que empezamos a andar... Y a andar... Y a andar... Llevábamos una brújula, y como el Teide no es visible tras la muralla del circo de las Cañadas teníamos que guiarnos ayudándonos del cacharrejo. Por otro lado, el sendero aparentemente estaba bien señalizado. En ese momento no nos dimos cuenta de un detalle que les comentaré luego.
Nosotros íbamos caminando siguiendo el sendero, pero en ningún momento vimos cartel alguno que nos indicara en qué sendero estábamos. En contraste, por ejemplo, los senderos de La Gomera están tan bien señalizados que casi puedes tirar el mapa y seguir los carteles. Supongo que todo depende del afan de aventura de cada uno :)
Empezamos a preocuparnos cuando vimos que el camino no giraba de nuevo hacia el circo de Las Cañadas, y seguíamos caminando. Además, se nos estaba acabando el agua, porque hacía un calor de narices (mi cogote es buena prueba de ello). Por intuición sabíamos que debía haber un giro al noroeste en alguna parte, pero después de pasar tres montañas en las que creíamos estaría el giro, empezamos a mosquearnos.
El orgasmo mental llegó cuando se nos acabó el agua y llegamos a un cartel que ponía:
- Degollada de Guajara (1h 30') →
- ← Valle de Ucanca (1h 15')
- Paisaje lunar (20') ↓
Ese fue el único cartel que vimos en todo el camino. Hombre, como dice mi amigo Aitor, si vas de senderismo al Pirineo, probablemente no encuentres ningún puñetero cartel que te diga a dónde tienes que ir. Supongo que eso le da encanto a la cosa, pero después de caminar salvajemente durante cuatro horas, no teníamos muchas ganas de apuntarnos a un concurso de orientación en la naturaleza, la verdad.
En fin, según mis cálculos debíamos coger el camino que ponía «Paisaje lunar», más que nada porque era el único que se dirigía al norte (lo comprobé). Lo que me preocupaba es que el camino fuera a morir en una cima y no pudiéramos bajar. El caso es que estábamos muy desanimados y nerviosos (a mí se me notaban los nervios un güevo, porque estaba acojonado por la falta de agua), pero tiramos hacia arriba. Después de caminar cerca de una hora (nada de 20 minutos), nos dimos de bruces con un barranco que subía entre dos montañas muy escarpadas. No teníamos posibilidad de escalarlas y encima el barranco subía con una cuesta muy pronunciada. En ese momento nos entró el cortocircuito. Estaba claro que habíamos perdido el camino, porque llevábamos cinco horas caminando a buen ritmo y aún no habíamos regresado al punto de partida, como hubiera debido pasar. Encima, el mapa de mierda que teníamos no ayudaba para nada.
Entonces tuvimos uno de nuestros golpes de suerte (buena, porque de la mala ya habíamos tenido unas cuantas raciones). ¡Encontramos una acequia con agua! Por lo visto, nos encontrábamos cerca del naciente del Barranco del Río. No sabíamos si el agua era potable, pero no tenía olor ni sabor. Además, qué cojones, era la única fuente de agua hasta la vuelta, así que no nos íbamos a poner remilgados justo en ese momento. Volvimos a llenar las botellas y las barrigas, con lo cual estuvimos en disposición de pensar con un poco de calma.
En ese momento tomamos la única decisión sensata de todo el pateo: volver sobre nuestros pasos. Hasta ese momento no habíamos querido hacerlo porque sabíamos que sería bastante jodido. Habíamos estado bajando prácticamente todo el camino, así que no había ni rastro del Teide. Si volvíamos tendríamos que ir subiendo, y no teníamos agua.
Pues nada, volvimos sobre nuestros pasos, más rapidito que a la ida. A la hora de emprender el regreso, justo cuando estábamos a la altura del famoso cartel, sucedió otro de los «pequeños milagros» de la jornada. ¡Sonó un mensaje en mi móvil! Yo había estado mirando la cobertura todo el camino, por si necesitábamos llamar (paranoide que es uno), y casi no había puntos con cobertura. Como allí tenía cobertura, llamamos al 112 como medida preventiva, más que nada porque queríamos saber si había algún medio de salir de allí sin tener que volver sobre nuestros pasos.
¿Por qué no queríamos volver a pesar de todo? Bien, llamé al 112 aproximadamente a las 19:00 (emprendimos el regreso a las 18:00). Según nuestros cálculos, quedaban unas tres horas de sol (en realidad algo menos), por lo que seguramente estaríamos en la cima del Guajara justo cuando tuviéramos que descender nuevamente los 700 metros de desnivel hasta la pista que discurre junto al mar de lava. La idea no molaba. Así que si nos daban una ruta alternativa para no tener que volver sobre nuestros pasos (por ejemplo, una que nos llevara al sur, hacia alguna carretera), mejor que mejor.
Nos dio la impresión de que en el 112 al principio no nos tomaron muy en serio, porque se limitaron a decirnos que volviéramos sobre nuestros pasos. Después de unas cuantas llamadas y de varias pérdidas de cobertura, nos recomendaron que nos pusiéramos en marcha antes de que se nos hiciera muy tarde para descender por la pared del Guajara (no recuerdo cómo se llama ese camino en concreto).
Una de las partes más duras del retorno fue un camino perfectamente señalado con piedras y troncos que discurría encima de un montículo de picón. A la ida fue un paseo, pero a la vuelta, y cansados como perros, nos costó un güevo y parte del otro subirla. Como curiosidad, he buscado en Google Maps la cuesta de picón, y la he encontrado :) El ramal que se ve a la izquierda del camino es el que aparece en el primer plano de la foto.
Los servicios de emergencia nos llamaron en varias ocasiones mientras volvíamos, animándonos a que continuáramos. Una cosa que no me gustó fue que nos dijeron en varias ocasiones que había un grupo de rescate haciendo el camino inverso al nuestro, con ropa de abrigo y agua, pero eso no era verdad. No creo que nos estuvieran mintiendo. Más bien hubo una descoordinación de narices, como nos explicaron posteriormente algunos de los miembros del equipo.
Hicimos el camino de vuelta a toda velocidad (que no era mucha, vamos), porque saber a dónde teníamos que ir nos daba sensación de avance. Por lo menos ya no estábamos dando palos de ciego. Además, el sol se ponía rápidamente. Como estuvimos casi todo el rato siguiendo una ruta hacia el sur y hacia el oeste, se me quemó el totiso por esa parte (tengo el lado izquierdo del cuello bastante sano). Y antes de que alguien me acuse de no haberme echado protector solar, le diré que sí me eché. De hecho, me bañé en protector. Pero justamente en la base del cuello no me di. Cosas que pasan :)
Bueno, en el camino de vuelta tuvimos más vistas espectaculares. Lo cierto es que en ese momento las vistas me importaban lo mismo que un bocadillo de mierda y requesón. Posiblemente menos. De hecho, yo no saqué la foto. Mi amigo Ramiro (incombustible el hombre) se dedicó a sacar algunas fotos en la recta final de nuestro periplo.
Nuestros cálculos de tiempo fueron totalmente acertados. Llegamos a la cima pasadas las 21:30, cuando solo quedaba un pequeño resto de luz en el horizonte. En una de las llamadas que me hicieron desde los servicios de rescate me indicaron que estarían esperándonos en la base del camino que sube al Guajara, justo donde la pista de tierra que tomamos en un principio.
Y entonces tuvimos el tercer «pequeño milagro». En realidad fueron dos combinados :) Por un lado, la luna arrojaba suficiente luz como para vislumbrar el camino de bajada, ya que no teníamos linternas. Por otro lado, el viento no soplaba en el circo de Las Cañadas, porque la temperatura refrescó bastante en la cara del circo que daba al sur. No era como para preocuparse, pero como estábamos sudando como puercos, se notaba el fresquillo.
¡Casi habíamos acabado! En ese momento vimos la torreta luminosa de uno de los coches de rescate que nos estaba esperando en la base de la pared. No salimos corriendo porque hubiera sido estúpido rompernos la crisma después de haber llegado hasta allí más o menos indemnes. La cosa es que tiramos un par de fotos para que vieran el flash mientras bajábamos (no podía llamarlos porque no había cobertura).
Cuando llegamos abajo nos reunimos con dos miembros del equipo de rescate del grupo de Ayuda en Emergencias Anaga (AEA). Casi los beso. Casi (Pedro, uno de ellos, tiene barba, así que no es mi tipo).
Al final todo había salido bien. Pedro y su compañero (creo que eran de la unidad BR-20) nos dieron agua y comprobaron nuestro estado físico. Aparte de estar molidos y sedientos, estábamos bien. No habíamos comido nada más que un poco de fruta desde las 10 de la mañana, así que estábamos famélicos. Pero en general, estábamos bien.
Después de tomar nota de mis datos (si alguien no se cree la historia puede consultar el registro de rescates de la asociación para el 14/08/2005) nos llevaron hasta los coches, en los aparcamientos del Roque de García. Por el camino nos contaron que hubo bastante descoordinación en este asunto, porque quienes iban a subir a buscarnos eran miembros de la Cruz Roja, que conocían perfectamente el camino por el que habíamos subido. También nos dijeron que hicimos lo correcto llamándolos con tiempo, porque había mucha gente que simplemente llamaba cuando les caía la noche encima.
¿Y qué fue lo que pasó? ¿Por qué perdimos el camino? Aparte de nuestra imprevisión por no llevar mapas ni equipamiento adecuado, por lo visto no éramos los primeros que nos perdíamos. Según parece, algunos motoristas un tanto cafres se dedicaban a poner sus propias marcas en el terreno y a borrar otras marcas de senderos. NUNCA supimos cuál era el camino correcto, aunque cuando volvíamos por la cima del Guajara vimos un poste que tenía toda la pinta de haber tenido un cartel en algún momento de su vida, justo al lado de un camino que parecía llevar justo a donde teníamos que haber ido.
Acabamos el día mirando perseidas desde el Roque de García, sintiéndonos caquita. Llegamos al apartamento a eso de las 12 de la noche, felices por haber salido con buen pie de estas. Sin embargo, la frase más repetida era «la próxima vez me llevo una linterna» :)
Y es que habrá próxima vez. Y próximas veces también. Somos así.
No quiero dejar la historia sin agradecerle a Pedro y a su compañero la ayuda que nos prestaron. Al margen de los problemas de fondo que pudieran haber, y de los cuales ellos no fueron responsables, muchas gracias.
PS Si quieren, pueden ver la ruta de ida que seguimos, más o menos.
PPS Aquí en el curro dicen que pasar un fin de semana con mi grupito tiene que ser de lo más interesante. No sé por qué coño lo dicen.
PPPS Por cierto, el viaje iba gafado: cierto hijoputa me reventó el retrovisor izquierdo del coche, dándose a la fuga, cuando iba por la carretera de Teror hacia el Puerto de Las Nieves en Agaete a coger el barco, el sábado a eso de las 6:30, más o menos. Menudo cabrón. Casi me deja en tierra. Menos mal que uno es un genio con la cinta aislante, que si no...
PPPPS Por cierto, muchas gracias a Miguel por darme el título de la historia :)
PPPPPS A ver si Cristina, Diana, Jeni, Maru, Ramiro, Miguel y Noli se animan a poner comentarios para completar la historia, que luego la gente me llama mentiroso, jiji.



daminor dijo
Mira que so9n brutos. Sólo a ustedes se les ocurre empezar un pateo y encima en zona cumbrera a la una de la tarde, cuando el sol es mortal. A esta hora deberían estar ya casi terminándola.
Hay que echarse portector en todos lados aunque no se vean, chavalín.
¿No pudiste ver la matrícula del coche? Qué cerdo el tío y qué cobarde.
18 Agosto 2005 | 12:12 AM