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La Coctelera

A mis suscriptores de correo

Vaya, pues resulta que al final todavía me quedaba una historia por escribir por aquí :P

Una de las cosas que no tengo todavía en mi nuevo blog es la suscripción por correo. Ahora mismo tengo una lista de 45 suscriptores por correo a través de FeedBurner.

En breve les enviaré un correo indicándoles lo que tienen que hacer si quieren suscribirse al nuevo blog, para que la transición sea lúbrica y placentera.

Sláinte!

Where to, sir?

Para que nadie se pierda si quiere seguir sabiendo lo que vomito en la red, esta es mi «huella digital», la lista de lugares en los que genero contenidos.

Reboot

Es posible que alguien se haya dado cuenta de que últimamente esto se asemeja al decorado de un spaghetti western, con julagas rodando por el suelo, y sin la ventaja de tener música de Ennio Morricone sonando de fondo. Claro que, si sonara música cada vez que alguien entra en el blog, a estas alturas probablemente alguien se hubiera molestado en contratar asesinos albanokosovares para acabar con mi miserable vida.

A pesar de todo, estos días le he dado un poco más de vidilla al blog con toda intención, antes de comentar la tercera cosa que me había quedado en el tintero el otro día.

Me voy de La Coctelera.

Siempre había querido escribir una frase dramática, donde la pausa se mascara justo antes y después de la misma, donde el redoble de tambores sonaría inevitablemente en la cabeza del circunstante no advertido.

Bueno, ya está bien de pajas mentales. La idea venía rondándome la cabeza desde hace un tiempo. En parte se debe a que tengo la impresión de que La Coctelera ha llegado a un punto muerto. En parte se debe a que, debido a tanto cambio, las personalizaciones que había hecho en el blog se veían peor que Tyrion Lannister después de la batalla por Desembarco del Rey. En parte se debe a que creo que ya iba siendo hora de hacerme mayor y gestionar mi propio tinglado. En parte se debe a que, cuando se me mete una idea en la cabeza, si germina, no la suelto ni para cagar.

He estado seis años en La Coctelera. Como he dicho muchas veces, abrí el blog por pura chiripa. Como recordarán los más viejos del lugar, mi ritmo de publicación de historias era demencial (a veces hasta tres y cuatro al día). Pero claro, famille oblige, y tras el nacimiento de Claudia cada vez he escrito menos, menos y menos, hasta el punto de ruptura de hace tres meses, cuando dejé de escribir de forma súbita.

En realidad no se trata solo del blog. Cuando paré hace tres meses, también dejé de publicar fotos en Flickr y de soltar polladas en Twitter. Durante este tiempo mi ritmo de vida ha pasado de frenético a con-la-proa-al-marisco™. Diversas circunstancias han hecho que, aparte del jaleo normal de criar a dos niños pequeños, una de cuatro años y otro de ocho meses, se nos hayan juntado otras cosas que hacen que nuestro día a día no sea muy nuestro que digamos. Los que nos conocen saben que Pablo y Noli han desaparecido del mapa para mucha gente. Aunque eso no quiere decir que no los recordemos, a todos :)

En esta tesitura parece una locura, de buenas a primeras, reiniciar el fotoblog y abrir un nuevo blog, ¿no? No le busquen la lógica, porque no la tiene. Es así de simple.

Un momento... ¿He dicho un nuevo blog? Ah, coño, que se me había olvidado comentarlo. ¿Recuerdan lo que les he dicho de hacerme mayor y tocarme la cuca solo? Em, creo que esto último no lo dije. Pues sí, nuevo blog. Y no crean que me volví loco para ponerle el nombre. Total, si iba a ser como este pero en otro sitio, ¿qué mejor forma de llamarlo que adastra.fork ( );?

Allí encontrarán lo mismo que aquí, ni más ni menos, pero ahora yo seré el único responsable de las cagadas que sucedan.

Soy consciente de que yéndome de La Coctelera pierdo una cosa muy importante: la comunidad. La Coctelera no es solo una plataforma de blogging. También es una comunidad, con sus aciertos y sus errores, donde añadir a un amigo coctelero está a solo un click de distancia. También es verdad que casi todos los que empezaron conmigo esta andadura, aquellos del cóctel de gofio, han abandonado La Coctelera (excepto Yeyo).

Supongo que ahora comprenderán mejor por qué le di un lavado de cara al blog. Es que no quería dejarlo manga por hombro :P

Gracias a todos los que han seguido durante estos años las estupideces que he escrito aquí, y gracias a los amos de La Coctelera por montar este chiringuito para que gente como yo, con verborrea incontenible, pudiera vomitar paridas insustanciales (o no) un día sí y otro también.

Y, finalmente, sepan que esta no es la última historia que escribo en este blog. En la que escribiré ahora, les dejaré los enlaces donde encontrarme.

Nos vemos. En el otro lado.

Me señalan con el dedo

¿Se acuerdan de la escena final de la película The Invasion of the Body Snatchers? No la original, sino el remake de 1978. Sí, hombre, esta:

Pues hoy me he sentido así. En una rotonda de Las Palmas, de estas gordas, entré en el carril interior, y dando vueltas, me di cuenta de que no podría cambiarme a tiempo al carril exterior para tomar la salida que me convenía.

¿Y saben qué? Di otra vuelta a la rotonda.

¡Sí, amigos y vecinos! ¡Eso es posible! ¡Qué coño, es legal! ¡No hace falta que me señalen con el dedo!

Cambiando de aires

Sigo vivo, sí.

Mi amigo Isra se encargó de recordarme el otro día que llevaba casi tres meses sin escribir en el blog. Curiosamente, hoy se cumplen exactamente tres meses desde mi última historia aquí, en La Coctelera.

Pero como estas cosas no duran eternamente, voy despertando poco a poco de mi letargo. Probablemente haya un montón de causas concurriendo en el hecho de que no haya escrito nada, pero la más poderosa de ellas es, simple y llanamente, que no me ha dado la gana. No ha sido una decisión del todo consciente, pero cuando tu CPU está ocupada casi el 100% del tiempo con dos procesos llamados /usr/bin/claudia y /usr/bin/gabriel, no te queda tiempo ni para pensar en que, oye, tienes un blog y todo.

Sin embargo, de vez en cuando noto impulsos eléctricos recorriéndome las gónadas, lo cual me obliga a hacer cosas por puro impulso (y no, no me coloco electrodos ahí; normalmente).

Lo primero que he hecho ha sido limpiar el blog. Apropiándome del lema de la Real Academia Española, he limpiado, fijado y dado esplendor a este sitio que lleva seis años en marcha (sí, también me salté el sexto aniversario del blog, que fue el pasado 5 de mayo). He cambiado de estilo, mandando a la mierda todas las personalizaciones que había hecho, y que funcionaban con el culo debido a los sucesivos cambios internos de La Coctelera (mi blog tenía una construcción muy específica que me dejaron conservar muy amablemente para que hiciera guarrerías). Ahora el blog es blanco nuclear, pero no por ello contiene menos procacidades. Eso no ha cambiado en absoluto, gracias a Cthulhu.

Lo segundo que he acometido ha sido la renovación de desacoplado, mi fotoblog. Quizás recuerden que en su momento me propuse cambiar de plataforma, pasando de Pixelpost a Wordpress. Después de muchos meses, saqué hueco y ganas para hacerlo, y ya tengo una versión funcional, aunque mejorable, de lo que quiero mostrar. Todas las fotos de la anterior encarnación del fotoblog se encuentran en la encarnación actual, junto con unas cuantas fotos más.

Lo cual me lleva a un asunto un tanto espinoso. Si usas para navegar Mozilla Firefox, Internet Explorer, Opera o Safari, no tendrás problemas para ver el fotoblog. Pero si usas Google Chrome, es posible que te aparezca este error:

Error 346 (net::ERR_RESPONSE_HEADERS_MULTIPLE_CONTENT_LENGTH): Unknown error.

¿La causa? Ni puta idea. Me he pateado la red, y parece ser un problema un tanto abstruso de Google Chrome para detectar casos de response header smuggling, pero por el número de falsos positivos que reporta la gente, diría que funciona de puta pena. Si alguno de ustedes usa Google Chrome, le agradecería que dejara un comentario diciendo si le carga el fotoblog o no. En cualquier caso, ya he informado a la gente del hosting, a ver si se han encontrado antes con el caso y si pueden echarme un cabo.

La tercera cosa... Bueno, la tercera cosa es una sorpresa, y ya avisaré en su debido momento xD

El pacificador

No, no les voy a hablar de aquella peli de George Nespresso Clooney. En realidad me refiero al nombre que le dan los yanks al chupete: pacifier. Reconozco que, a la hora de poner nombres a los objetos, los angloparlantes suelen ser mucho más directos y funcionales. «Pacificador» es un término mucho más adecuado que «chupete». Créanme, sé de lo que cojones me hablo.

Dicho lo cual, he creído pertinente mostrarles la pequeña colección de pacificadores de mi hijo Gabriel, también conocido como Babié, por obra y gracia de su hermana Claudia, también conocida como Cuaia, por obra y gracia de mi sobrina Nerea, también conocida como Nenene, y aquí paro la cadena porque, como ustedes saben, todos los argumentos recursivos deben tener condición de parada, so pena de consumir el Universo en una hoguera de datos inútiles autorreferentes (usando esta palabra le robaré tráfico a Microsiervos MBWHAMBWHAMBWHAMBWHAMBWHA).

Hete aquí a Gabriel con su pacificador canónico.

Y aquí lo tenemos con el pacificador que tan amablemente nos regaló el desgraciado querido Doctor π:

Finalmente, aquí lo tenemos con su pacificador favorito, aunque con esa frase, mucha paz no creo que vaya a traer al mundo, no. A fin de cuentas, la noche en que nació se pegó fuego un coche en frente de la casa de mi amigo Saulo.

Los niños no saben nada de status quo

Y no me estoy refiriendo a que no sepan nada de la banda musical, porque bien podrían ser unos friquis del hard rock desde temprana edad. Me refiero a que no saben nada sobre situaciones de equilibrio.

Me explico. El 4 de enero, en plenas vacaciones de navidad, Claudia estaba en el parque con mi cuñado. La niña estaba subida a un columpio y mi cuñado daba el impulso para que ella se balanceara.

Como suele pasar en estos casos, Claudia aún no tiene muy claro el principio de conservación del movimiento de inercia, lo cual quiere decir que le dio por soltar las manos justo cuando el columpio estaba en la tercera etapa de su recorrido.

En romano paladín, se metió una hostia de campeonato contra el suelo.

La cuestión es que a la niña le dolía mucho el brazo izquierdo, que es con el que se apoyó al caer, así que la llevamos al ambulatorio del pueblo. Allí nos dijeron que tenía el codo dislocado y se lo colocaron sobre la marcha. Les ahorraré los detalles.

Sin embargo, la médico que atendió a Claudia me dijo que, para cerciorarme, mejor llevaba a la niña al Materno, que allí eran especialistas. Dado que la niña se sostenía la mano izquierda con la derecha, pensé que del codo solo no era.

Así que Noli llevó a la enana al Materno en lo que yo hacía guardia con el enano. Veredicto: fractura leve de muñeca y férula que te pego.

Hasta aquí, the plain facts. La niña lo pasó bastante mal durante el proceso (y nosotros, como padres que somos, también; no nos dolía físicamente, pero hay que joderse lo que te duele ver a tu hija sufrir). Sin embargo, cuando la niña llegó a casa, ya tarde, entró dando saltos por la puerta, diciéndome «papá, papá, mira, para que me hagas dibujos».

Eso me hizo reflexionar.

Si yo me fracturara alguna parte de mi anatomía (y no, hijos de puta, no me refiero a esa), estaría cagándome en dios durante semanas, lamentándome por todo lo que no puedo hacer con la mano. Sin embargo, la niña aceptó la pérdida de movilidad como algo natural. Evidentemente, había cosas que no podía hacer con la férula puesta, pero eran muy pocas, y en todo momento procuramos no actuar como si la niña tuviera impedimento alguno. Si necesitaba ayuda, la pediría, pero por lo demás, tenía que tener su autonomía.

Los niños pequeños aún no tienen conciencia del status quo, de la situación de «equilibrio», del «las cosas son como deben ser». Su capacidad de adaptación a circunstancias extraordinarias es, también, extraordinaria. Y tengan en cuenta que Claudia es medio zurda (aún no tiene definida la mano principal, aunque posiblemente este episodio la haya convertido en diestra). Sin embargo, Claudia no se quejó ni una sola vez de que no pudiera hacer cosas con la mano. Ella seguía comiendo, pintando y jugando como si nada. Lo único que no podía hacer bien era subirse al retrete y ponerse la ropa.

Eso es algo de lo que quizás tendríamos que aprender. Parece que, a medida que crecemos, vamos construyendo un castillo de suposiciones y estados predefinidos que, de estropearse, nos amargan la existencia. Hay gente con más capacidad de adaptación y gente con menos, obviamente, pero a menos que seas un sufí o algo así, la introducción constante de circunstancias extraordinarias en tu vida puede llegar a ser muy perturbadora.

Para que luego digan que los niños no tienen nada que enseñarte

$ sudo chmod 644 /*

Si te ha entrado un sudor frío al leer el título de la historia, enhorabuena: eres una persona preparada para detectar cagadas tecnológicas al vuelo.

La historia de hoy va de estupidez. La mía, para ser más concretos. Y va de suerte. De mucha suerte, dicho sea de paso. Si no te interesan las tecnorayadas, sigue de largo .

En casa tengo un servidorcillo casero dedicado, con diversas cosas: SFTP, TeamSpeak, varios juegos de Valve, etc. Anoche estaba trasteando con unas carpetas, cambiando los permisos de unos ficheros que me traje de Windows, y que por tanto tenían activado el flag de ejecución.

Supongamos que estos ficheros colgaban de /foo/bar, en carpetas cuyos nombres eran A, B, etc. Así, las carpetas en cuestión eran /foo/bar/A, /foo/bar/B, y así sucesivamente. Ah, y todas las carpetas eran de un usuario distinto al mío.

Como soy una puta de la consola (cómo no), abrí una y me puse a hacer esto con mi usuario:

calvo@servidor /foo/bar $ sudo chmod 644 A/*
calvo@servidor /foo/bar $ sudo chmod 644 B/*
calvo@servidor /foo/bar $ sudo chmod 644 C/*

Y así sucesivamente. Creo que pillan la idea. Y también se habrán dado cuenta de que, en cualquier caso, estaba haciendo el gilipollas. ¿Han oído alguna vez eso de que un gran poder conlleva una gran responsabilidad? Pues entonces, ¿para qué coño me pongo yo a hacer cosas como superusuario?

Los que me conocen saben que tecleo a toda hostia. Y como tecleo a toda hostia, también, cuando me equivoco, lo hago a toda hostia. Supongan que, siguiendo con la secuencia de arriba, tecleo esto:

calvo@servidor /foo/bar $ sudo chmod 644 JK/*

Huy, me equivoqué y puse la K. Nada, nada, vamos a borrar.

Solo que borré una letra de más. Y esto fue lo que tecleé:

calvo@servidor /foo/bar $ sudo chmod 644 /*

Unas décimas de segundo más tarde me quedé con la mirada vidriosa, mientras la certeza de que la había cagado completamente se abría paso por mi sistema nervioso central. Mi hipotálamo gritaba diciéndome que venía un depredador. Cosas de los instintos atávicos.

Me quedé sin sistema. De repente, le cambié los permisos a toda la raíz del sistema de ficheros, con lo cual, me quedé sin órdenes. Al haber jodido /bin y /usr/bin, no tenía órdenes para ejecutar. No tenía chmod para revertir lo que había hecho. No tenía nada.

Me pegué dos buenos minutos cagándome en dios de formas creativas que harían enrojecer a un camionero moscovita. Noli me miraba pacientemente, a la espera de que se me pasara.

Los más avispados del lugar se habrán dado cuenta de que en realidad la cagada no fue tan gorda. Si hubiera hecho esto, sí que hubiera estado jodido:

calvo@servidor /foo/bar $ sudo chmod -R 644 /*

Porque en ese caso, no me hubiera limitado a cambiar los permisos de los directorios raíz, sino que hubiera cambiado los permisos de todos y cada uno de los ficheros del sistema. Y eso sí que no hay dios que pueda arreglarlo.

Cuando me serené, pensé que podría resolverlo usando el DVD de la distribución, entrando en modo live y cambiando como root los permisos de las carpetas.

¿Y qué permisos eran esos? Pues como da la casualidad de que tanto el portátil de Noli como el mío tienen instalado el mismo Linux, me fui al de ella e imprimí una captura de ls -laF /. Con eso lo único que tuve que hacer fue arrancar la consola y cambiar a mano los permisos para que fueran iguales a los que tenía ella.

Solo tuve un pequeño problema, y es que tengo /home montado en una partición diferente, con lo que los permisos que cambié usando el arranque live se perdieron. Sin embargo, entré en el equipo por SSH como root desde otra máquina y puse los permisos correctos. Después de un rato pude comprobar que todos los servicios estaban en orden.

Anoche dormí poco, obviamente.

¿Moraleja? La próxima vez que me de por usar sudo para hacer el gilipollas, me lo pienso dos veces.

PS Es probable que hubiera otra forma de resolverlo, quizás más simple. Si es así, les rogaría que lo dejen en los comentarios