Membrillos Mágicos (2)
Hijos de puta. Me obligan a poner otra carta en juego. Este ataque es DE-FI-NI-TI-VO.

Actualización
- ¡Ese ataque no puede hacerme nada! ¡NADA!
- ¡El buen doctor contrarresta el goatse de la Agente Naranja!
El blog es de Chuck Norris y me lo follo cuando él quiere
20 Noviembre 2009
Hijos de puta. Me obligan a poner otra carta en juego. Este ataque es DE-FI-NI-TI-VO.

19 Noviembre 2009
¿Recuerdan que el otro días les contaba que en cierta zona de Las Palmas los graffitis eran un poco raros? Pues aquí tienen una buena muestra de ello. Esta pintada es un 72% más rara que la anterior ![]()
19 Noviembre 2009
Mi hermano me enseñó hace tiempo una canción. Él decía que esa canción le hacía llorar cuando pensaba en sus niñas. Y tiene razón, porque la canción es perfecta.
Y por eso se la dedico a ellas, a las que cada día llenan mi vida, y hacen que todo valga la pena.
A Noli.
A Claudia.
A ellas.
19 Noviembre 2009
Vamos a mezclar unas cuantas cosas en nuestra Coctelera Mágica:
Esto es lo que sale
![]()

En realidad la idea original de mi querida Naranjita era que hubiese una carta con una sola tecnololi, porque, reconozcámoslo, una tecnololi individual no es capaz de gran cosa, pero cuando acumulas unas cuantas, no hay partida que se te resista. Pero al buen doctor le gusta las cartas-hecatombe, así que se libra del goatse. Por ahora ![]()
En fin, yo me LOL todo ![]()
PS Advierto: a lo mejor quieren pasar de este blog y de unos cuantos blogs amigos durante un día o así. Yo sé por qué me lo digo.
19 Noviembre 2009
Ayer estábamos teniendo Never y yo una interesante conversación acerca del Mass Effect, y en un momento dado salió a la palestra el tema de la moralidad en los videojuegos. Y remarco eso del «en» para que nadie lo confunda con la moralidad de los videojuegos. Que si me pongo a hablar de ciertas cosas en ese campo, me cabreo.
Y hoy estoy magnánimo. No me sale de los cojones cabrearme.
No recuerdo cuál fue el primer videojuego que traía de serie un sistema de moralidad, es decir, tu personaje puede ser «bueno» o «malo», según el curso de acción que elija durante el juego. El primero que yo recuerdo era el magnífico Knights of the Old Republic, de BioWare. Como no, es un juego de rol, porque, que yo sepa, la ambivalencia de personajes se ve solamente en ese género de videojuegos.
Tras ese juego (repito: no sé si fue el primero), parece que lo de las elecciones morales se ha puesto de moda. Está presente en el Knights of the Old Republic 2, en el Fallout 3, en el Mass Effect o en el Dragon Age: Origins. Y no creo que sea casualidad que todos los juegos que he mencionado sean de la misma compañía, BioWare, excepto uno, el Fallout 3, que es de Bethesda Softworks. Ah, y seguro que hay unos cuantos juegos más con este tipo de movidas (pregunta: ¿The Witcher es uno de esos juegos?).
Casi todos estos juegos tienen una aproximación maniqueísta al asunto: o bien eres un héroe de plateada armadura, o bien eres un hijo de puta de lo peor. En los dos juegos de la serie KotOR se daba el caso de que las acciones «buenas» cancelaban a las «malas» y viceversa. Es decir, tenías una forma curiosa de «lavar tus pecados» y enderezarte si querías en cualquier lugar del juego, aunque pasado cierto punto, no te salvaba ni que te dieran de hostias con un hisopo lleno de meados de dios en la cabeza, claro.
Sin embargo, con el Mass Effect se abandonó esa visión maniqueísta, de forma que las elecciones morales no son tan inmediatas... Y no se cancelan las unas con las otras. Creo, además, que el Dragon Age: Origins lleva este aspecto mucho más al extremo.
Si quisiera pensar un símil, lo compararía con los personajes de Battlestar Galactica. ¿Son buenos? ¿Son malos? ¿O son humanos? En el Mass Effect un personaje paragon puro (de los «buenos») se comporta como una especie de paladín inflexible, totalmente plegado a la autoridad. Sería como un personaje con alineamiento legal bueno en el universo Dungeons and Dragons. Por contra, un personaje renegade (de los «malos») se comporta como un cabrón al que la autoridad se la suda, y no duda en pasar por encima de quien sea para conseguir sus objetivos. En este caso diría que se encuentra más o menos entre caótico neutral y caótico malvado.
Pero, como dije, ambos aspectos no se cancelan. En una situación determinada puedes elegir comportarte como un paladín, y en otra situación extorsionas a un personaje para obtener beneficio económico. La suma de todo eso es lo que perfila tu personalidad, y es algo que me parece absolutamente brillante.
Y volviendo al principio, les decía que estaba comentando con Never temas de moralidad, y curiosamente a ella y a mí nos pasa lo mismo: no somos capaces de desarrollar personajes malvados. Siempre que lo intento acabo empezando de nuevo la partida para comportarme como un «chico bueno». Ir de hijoputa en esos juegos puede ser muy divertido, pero algo en mí me lo impide... Lo cual quiere decir que la sensación de inmersión es poderosa, porque haciendo el Mal me siento sucio, imaginen ![]()
De todas formas, con los nuevos sistemas de elección moral, la dicotomía no está tan clara. Por ejemplo, en el Mass Effect yo me comporto en casi todos los casos como un paragon, pero hay algunas situaciones en las que me comporto como un renegade (como cierto momento en el que un militar de la Alianza pretende inspeccionar MI nave en una situación un tanto alegal). Es decir, no estamos ante una situación de «todo o nada», sino que podemos desarrollar nuestro personaje para que tenga una personalidad más coherente con lo que podría esperarse de cualquier ser humano real.
¿Y ustedes? ¿Qué tipo de personaje eligen en estos casos? ¿Buenazo o cabrón? ![]()
PS Si alguien recuerda más juegos con sistema de moralidad implementado, que lo avise en los comentarios ![]()
19 Noviembre 2009
Hace año y medio entré a trabajar en la empresa en la que me encuentro actualmente. Como cada vez que cambias de empresa, te dedicas los primeros días a aclimatarte un poco y a hacerte el nido, para empollar los huevos y... Er, no creo que no quería hablar de eso.
Curiosamente (o no tanto, que esta isla es un puto pañuelo), tenía varios conocidos aquí dentro, por lo que no me costó nada empezar a conocer gente. Eso sin contar con la manía que tengo de hacer el payaso. Eso ayuda.
En los primeros días me di cuenta de que en esta olla de grillos hay unos cuantos tarados que comparten pasión conmigo: la fotografía. Así, a bote pronto, se me ocurren Iván, Ricardo, Dani, Rubén, Damián y Ángel Iván.
Hoy les voy a hablar de uno de ellos, y como sé que mis lectores son más inteligentes que la media, habrán deducido que se trata de Damián, vaya por dios, no sé por qué
Si hay una cosa que define a Damián es la pasión que le echa a las fotografías. Curiosamente él se prodiga en un campo al que yo no le había dedicado ni un pensamiento antes de entrar aquí: la fotografía deportiva.
En este último año y medio he visto cómo Damián ha mejorado mucho su técnica. Tiene una habilidad especial para hacer barridos con su cámara, ya que se ha especializado en pruebas de rally, y algunas de sus capturas son dignas de encontrarse en cualquier revista deportiva de renombre.
Y no, antes de que nadie diga nada, hijos de puta, no le voy a pedir dinero ni nada parecido. Además, él no es mi tipo.
Echen un vistazo a su blog para que comprueben de primera mano la calidad de sus fotografías.
!-->18 Noviembre 2009
Hay una cosa que todos los miembros de la Comunidad del Membrillo™ tenemos clara: cuando vamos de observación astronómica, en realidad eso quiere decir que vamos a hacer prácticamente cualquier cosa, salvo observar las estrellas.
Teniendo esto en mente, solemos llevar comida suficiente como para que la observación astronómica pase a ser degustación gastronómica. Si añadimos a eso una botellita de sidra natural que me traje de Asturias, pues como que la cosa queda sembrada.
A petición de una de nuestras membrillitas, saqué la grabadora digital que llevo siempre conmigo, e improvisamos algunas magníficas piezas para horror de las cabras y lechuzas que por allí pululan. En un momento dado oí unos balidos lastimeros cuando una lechuza intentaba llevarse lejos a una cabra para no tener que oír nuestros berridos.
Murieron, por supuesto. La cabra pesaba demasiado y se despeñaron. Se jodan.
Aquí tienen la muestra perfecta de que nuestros padres hubieran hecho lo correcto si hubieran seguido sus instintos y nos hubieran ahogado al nacer.
Ya subiré las fotos que saqué. No de estrellas, por supuesto, porque todo estaba nublado ![]()
17 Noviembre 2009
Mi padre, como buen contador de batallitas que es, a veces se pone a recordar las cosas que mi hermano y yo hacíamos de pequeño... Lo malo es que acaba, de forma invariable, contando cierto incidente que implica a mi persona, un bote de vaselina, un mueble y una paliza. No sé, tiene fijación con ese episodio en particular.
La cuestión es que a veces me descubro pensando la cantidad de cosas que se me olvidarán a mí de Claudia, a medida que vaya creciendo. Las cosas que me gustaría recordar para poder contarle cuando crezca.
Cosas como su particular risa hacia adentro, el día (ayer) en que dijo su primera frase de más de tres palabras («¿papá, donde está el otro?»), la costumbre que tiene todas las mañanas de levantarse de la cama e ir a la cocina a desayunar cereales conmigo, la peculiar manera que tiene de dormirse rodando sobre sí misma una y otra vez, los larguísimos soliloquios que se pega cuando está en la cama, la forma en que persigue a la yorkshire de mis suegros por el patio de su casa, las mañanas de fin de semana en que se acerca a la cama para encender la luz y decir «¡PAPÁ, CHECHE!», la forma en que imita a Noli depilándose los pies las piernas...
Pero me contentaré, como han hecho tantos padres antes que yo, con saber que esas cosas sucedieron, y con acordarme de lo que buenamente pueda.
Como siempre ha sucedido.
!-->Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):