Mm... No se me ocurre ninguna forma de empezar sin que me acaben odiándome a mí o a mi santa madre, así que a tomar por culo. Sin vaselina y usando Clipper de fresa para mejorar el agarre. Allá vamos.
Hace un jodido montón de años nació un tipo realmente genial en Londres, llamado Alan Turing, famoso por aparecer en la saga Criptonomicon de Neal Stephenson como el tipo capaz de inventar la máquina Enigma mientras montaba en bicicleta por los alrededores de Bletchley Park. Por desgracia, y eso no lo cuentan en la novela, el hombre resulta que era homosexual, y como todos en aquella casta época sabían, no se puede ser un prohombre de la ciencia y ser homosexual a la vez. Menos mal que sesenta y pico años después de su muerte a alguien le dio por pedirle disculpas por haberle puteado.
Si hay una cosa por la que los desgraciados aporreateclasservicios técnicos familiares gratuitos ad æternum informáticos conocemos a este hombre es por las máquinas de Turing, como demostración de que en realidad incluso el Mass Effect podría haber sido programado en una cinta de papel que fuera pasando por un lector.
¿Notan cómo sube su odio? Bien, los quiero así, cabreados, hijos de perra. Sigamos.
Ahora vamos a hablar de vacas. Sí, de vacas. ¿Nunca les ha pasado que estén paseando por el campo, se hayan encontrado una vaca, la hayan oído mugir, y se hayan preguntado si esos mugidos son Turing-completos? La pregunta es pertinente, porque como sabe cualquier amante de las vacas, hay mucho más en un mugido de lo que parece. En cierta ocasión me quedé durante horas cavilando en medio de los pastos intentando descifrar un kōan que una vaquita había lanzado a mi paso.
Desde aquel entonces soy otro ONVRE.
Es posible que ustedes, personas de limitado entendimiento, no hayan captado la magnificencia del mugido de las vacas, pero don't fear. Para subsanar esa deficiencia, pueden aprender a programar en el lenguaje COW, leer a la luz de una lámpara de 2 vatios en un retrete con las paredes llenas de mierda en una estación de trenes abandonada sobre la semántica del lenguaje, e incluso robar la señal wifi de tu vecino para probar un magnífico intérprete del lenguaje.
Siempre ando diciendo que me gustaría comprarme una camiseta friqui de aquí, de allá o de acullá, pero al final, resulta que nunca lo hago (y se las regalo a Noli, eso sí). En parte la culpa es del puto sistema aduanero que disfrutamos aquí en Canarias. Me sería más fácil entrar ilegalmente en los EEUU (por cierto, esta frase seguramente hará que pase a algún fichero de esos tan monos que mantiene la CIA).
Por otro lado, todos ustedes saben que en mi corazoncito de friqui hay una máquina con engranajes y obturador (algún día pediré un transplante para sustituir mi corazón modelo D70s por el increíblemente mejorado D700 cof, cof, Noli, ¿te he dicho que te quiero mucho? ).
Si unimos estas dos cosas, solo podemos exigir la colección de camisetas más awesome del universo y parte del mundo, como nos muestran en PetaPixel.
Estoy seguro de que los cabrones de mis amigüitos elegirían esta camiseta para mí
Es que me han dicho que algunos de mis amigos tiene problemas de esclerótica. No sé por qué coño.
PS Lo malo es que la que me gusta a mí tampoco es que se aleje mucho del concepto.
El sábado fuimos a Alcampo a comprar unas cosillas, antes de que comience la vorágine de las fiestas navideñas (inciso: yo ya he comprado los regalos para evitar agobios, como hago siempre). Cuando estábamos dando tumbos por los pasillos, intentando que la niña no se metiera bajo un carro o algo parecido (tiene complejo de Houdini), vi pasar a un señor con un carro de la compra y dos cosas dentro.
Una televisión plana de 32".
Una tortilla de papas precocinada.
Me quedé mirándole hasta comprobar que, efectivamente, iba hacia la caja. Y no pude evitar pensar que ya tenía todo lo que necesitaba para divertirse esa noche (si exceptuamos quizás una cajita de condones con sabor a fresa, que Cthulhu bendiga a los creativos de Durex et al.).
Mi segundo pensamiento fue una especie de réquiem por los escritores de ciencia ficción, que en su puta vida pudieron imaginar que llegáramos hasta el extremo de andar comprando televisiones gigantescas y comida prefabricada en un supermercado hipertrofiado.
Bueno, William Gibson y Neal Stephenson sí que podrían haberlo imaginado.
¿Recuerdan que el otro días les contaba que en cierta zona de Las Palmas los graffitis eran un poco raros? Pues aquí tienen una buena muestra de ello. Esta pintada es un 72% más rara que la anterior
Mi hermano me enseñó hace tiempo una canción. Él decía que esa canción le hacía llorar cuando pensaba en sus niñas. Y tiene razón, porque la canción es perfecta.
Y por eso se la dedico a ellas, a las que cada día llenan mi vida, y hacen que todo valga la pena.
Vamos a mezclar unas cuantas cosas en nuestra Coctelera Mágica:
Tomamos un puñado de desgraciados con exceso de imaginación, o mejor dicho hecseso de himajinasión, para que nos entendamos. Llamémosles Comunidad del Membrillo™, por no especificar más.
Tomemos un dicho popular en internet: «no alimentéis al troll». Ahora caguémonos en él y démosle de hostias.
Tomemos a uno de los miembros de la Comunidad del Membrillo™, por ejemplo, el Doctor π, y amenacémosle con hacerle un goatse involuntario a varias manos si no despliega toda su creatividad para nosotros.
En realidad la idea original de mi querida Naranjita era que hubiese una carta con una sola tecnololi, porque, reconozcámoslo, una tecnololi individual no es capaz de gran cosa, pero cuando acumulas unas cuantas, no hay partida que se te resista. Pero al buen doctor le gusta las cartas-hecatombe, así que se libra del goatse. Por ahora
En fin, yo me LOL todo
PS Advierto: a lo mejor quieren pasar de este blog y de unos cuantos blogs amigos durante un día o así. Yo sé por qué me lo digo.